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Análisis

Institucionalidad empresarial

Por Claudio Herzka. Antropólogo y economista

Las encuestas señalan claramente el descontento que los peruanos sienten con el sistema político y con la falta de impacto del crecimiento sobre los niveles de pobreza. Asimismo, se identifica con claridad que diversas instituciones públicas, como el Congreso y el Poder Judicial, son mirados con una percepción negativa por no brindar el servicio que las personas consideran se merecen.

Lamentablemente, muchas personas --que en el argot académico se denominan 'miembros de la sociedad civil' y en el empresarial 'los clientes'-- tampoco tienen una visión muy positiva de los denominados empresarios, categoría en la cual caen los inversionistas institucionales, los inversionistas personales, los gestores de empresas, los gerentes y su equipo profesional, así como los que dirigen a las microempresas, pequeñas y medianas empresas, aunque algunos de estos niegan ser empresarios y prefieran ser considerados comerciantes.

La visión es más negativa para las empresas de mayor envergadura, pero también se hace extensiva para la microempresa y pequeña empresa con la cual interactúan la mayoría de las personas, especialmente en el ámbito rural o urbano periférico.

Esta apreciación está relacionada con la percepción de un abuso, de una posición dominante en el mercado, con acciones de corrupción, con incumplimiento de normas, con prepotencia empresarial, con maltrato de trabajadores, con falta de atención a reclamos, con acciones contrarias a la conservación del medio ambiente, con discriminación cultural o de género y hasta con trámites más engorrosos que los del sector público.

Dentro de este contexto, cabe examinar la actuación de las instituciones representativas del sector privado. Cabe destacar que estas son muchas y de muy variada naturaleza. La mayoría se constituye para defender los intereses de sus asociados, quienes suelen estar agrupados por sector, grupo productivo o localidad. Otros prestan servicios a los mismos, sean estos de asesoría, capacitación, trámites u otros. También hay los que agrupan gremios y los que representan organizaciones de varias localidades o regiones del país, o empresas vinculadas a un país extranjero. Finalmente, están los que se dedican fundamentalmente a promover un determinado tipo de comportamiento empresarial, como la responsabilidad social, la promoción de la inversión o la gestión ética, para nombrar algunos ejemplos.

La gran variedad y número de entidades representativas de los empresarios y de las empresas que estos guían crea una visión de dispersión de esfuerzos y hasta de confrontación en ciertos casos. Esta puede ser muy evidente cuando se trata de intereses opuestos o de apreciaciones muy diferentes sobre la validez de algunas políticas públicas. El panorama se complica más cuando se busca crear nuevas organizaciones cada vez que surge una nueva idea en un grupo de personas. Cabe decir que a veces es más fácil empezar de nuevo que buscar fortalecer una organización existente o cambiarla de rumbo.

Muchas de las instituciones representativas del sector privado carecen de recursos para cumplir con sus objetivos. Una parte importante del esfuerzo de sus gerencias está dedicado a levantar fondos para poder cumplir con sus encargos, los que suelen ser temporales y con fines muy específicos.

Si miramos la experiencia de otros países, encontramos que las entidades de mayor relieve cuentan con un apoyo financiero decidido o incluso con fondos permanentes que les permiten contar con plantas de profesionales que analizan problemas, previenen situaciones y proponen soluciones, con lo cual se han ganado una merecida reputación de seriedad y respeto.

La falta de una clara configuración institucional del sector empresarial impide una acción concertada que resalte los aspectos positivos de la acción del empresariado. Mientras que lo malo salta fácilmente a la primera plana de los diarios, muchos de los aspectos de la contribución de las empresas a lograr un crecimiento de la economía nacional, una gestión social de acción positiva, y un comportamiento crecientemente responsable según normas acordadas internacionalmente, no es destacado ni por lo medios, ni por muchos de los políticos y ni siguiera por los propios empresarios. Ello contribuye a la percepción negativa que se tiene sobre el empresariado.

El reto de las principales organizaciones representativas de los empresarios es empezar a concertar esfuerzos para generar en la sociedad civil, en los políticos y en sus 'clientes', una visión positiva que genere un apoyo más decidido a su gestión y contrarreste el ataque de quienes quieren menoscabar su contribución al desarrollo nacional, usualmente por designio político.

* PRESIDENTE DE IPAE

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