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MIS INICIOS

El motor de la familia

Realizó muchos oficios hasta que compró un quiosco. Desde allí no dejó de correr

Por Milagros Vera

Su sueño era tener un taller mecánico. Para lograrlo, a los 16 años, Hugo Ayala dejó Nasca y vino a Lima. Para conseguir algo de dinero, primero fue canillita y luego ayudante de cocina, lavador de platos y mozo en un restaurante. Cumplió con otros oficios, hasta que conoció a María Olascagua, con quien se casó y luego abrió una bodeguita en Carabayllo. Tuvieron cuatro niñas y como con aquella bodega ya no alcanzaba para mantener a la familia, Hugo compró una caja de tecnopor y salió a vender helados. La reparación de automóviles había quedado en el camino.

Posteriormente, impulsado por su cuñado, compró una congeladora a crédito y la instaló en una tienda en la calle Julio C. Tello, en Lince, y allí vendió sus helados, pues "era el barrio que más conocía". Las 'yapitas' que ofrecía Ayala, trajeron más clientes. Luego su esposa hizo lo mismo en la zona comercial de Jesús María.

Cuando terminaba el verano de 1985, Ayala supo que junto a la bodega de Julio C. Tello, había un quiosco en venta. Consultó el precio con cierta vergüenza, pues no tenía el dinero para comprarlo. "Se lo vendo ahora, así no más" le dijo el dueño. Así que a través de un préstamo de S/3.000 dio el adelanto del quiosco y en ese momento, cuenta Ayala, empezó su segundo gran sueño. Esta vez sí lo cumpliría.

Abrieron el quiosco vendiendo desayunos que María preparaba. Desde muy temprano los esposos ofrecían avena con leche y chocolate, y sánguches. Y por las tardes, salchipapas. Como el público les exigía vender tacos, que era la especialidad del antiguo dueño, María tuvo que sacar su propia receta y junto con su familia aprendieron con paciencia a envolver las tortillas. A partir de aquella noche no dejaron de vender más de 400 tacos y hamburguesas por noche. La afluencia de gente los llevó a cambiar su hora de cierre. De la 1 de la madrugada el local pasó a cerrar a las 7 de la mañana. "Teníamos linda clientela, como Pedro Suárez y Christian Meier", cuenta María.

Tenían buenas ventas, también, pero cómo lo iban a recomendar si el negocio no tenía nombre, pensó Hugo Ayala. Un día, pasando las hojas de una enciclopedia, vio el auto de Al Capone, un modelo de los años 40, y como el quiosco tenía un chasís de carro y un remolque, le puso a su empresa Mi Carcochita. Y desde ese momento el sueño tuvo nombre propio.

En 1992 abre su primer local en San Borja, con servicio las 24 horas y con la sazón de María, que cocinó casi un año hasta que pudieron contratar a su primer cocinero. Ayala recuerda que tuvieron que competir con la franquicia Taco Bell que estaba en la misma avenida, y que finalmente Mi Carcochita ganó: "Es que al peruano le gusta el taco acriollado". A pesar de muchos problemas luego abrió dos locales en Lince (en las avenidas Julio C. Tello y Risso) y en San Miguel.

Ahora Ayala cuenta con 90 trabajadores en sus cuatro restaurantes que atienden las 24 horas, y su meta para este año es abrir un nuevo local en Miraflores o Barranco, "Tenemos todos los equipos y solo nos falta encontrar el local para alquilar", dice Hugo Ayala, quien también quiere llevar su empresa a provincias. A sus 64 años, sabe que con perseverancia, voluntad y austeridad en los inicios se alcanzan grandes metas, pues con Mi Carcochita además de cumplir el sueño de tener la casa propia, pudo educar a sus cuatro hijas. La menor de ellas tiene 25 años, se llama Alejandra y estudió para ser chef . Hoy trabaja con su padre.

MIS CLAVES
Ante todo dar imagen de limpieza. Cuando abrimos el quiosco, instalamos servicios de agua y las cocinas de los locales hoy tienen cámaras frigoríficas de acero inoxidable, campanas extractoras, cafeteras italianas y planchas modernas. 
Me aseguro, personalmente, de que los insumos sean los mejores. Por ejemplo, utilizo las mismas marcas de embutidos con las que empecé, "suba o no el precio, las mantengo".
La austeridad en los inicios fue clave para alcanzar metas. El negocio es como un bebe, recién a los 3 o 4 años camina solo.

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