Por Susan Abad
BOGOTÁ. La semana que pasó será recordada --con mucha seguridad-- como una de las más críticas, políticamente hablando, que ha vivido el presidente Álvaro Uribe en sus casi seis años de gobierno.
Y es que tras enterarse de que aún goza del 84% de aceptación entre los colombianos, recibió el primer golpe con la difusión de un video, grabado en agosto del 2004, en el que la ex congresista Yidis Medina aseguraba que Uribe y altos funcionarios de su gobierno le ofrecieron puestos públicos y hasta un consulado para que en el 2004 votara a favor de la reelección presidencial. Medina autorizó la difusión de sus declaraciones porque "el gobierno se favoreció de su voto y hasta hoy no le ha cumplido las promesas".
El martes fue el día más aciago para el presidente colombiano. La fiscalía dictó orden de captura contra su primo hermano Mario Uribe Escobar, investigado por vínculos con paramilitares desde setiembre del 2007. El ex senador protagonizó un intento de evadir a la justicia e ingresó a la Embajada de Costa Rica en busca de asilo político, petición que, luego de 10 horas de tensión, le fue denegada.
El escándalo de Uribe Escobar revivió uno más grande que había 'pasado de agache', como dicen los colombianos: el de la 'parapolítica', es decir, las alianzas que hicieron políticos con grupos paramilitares para, a punta de asesinatos y amenazas, lograr poder regional y hacerse elegir al Congreso.
Por estos contubernios, las autoridades han encarcelado a 32 congresistas mientras otros 30 están siendo investigados, casi todos ellos pertenecientes a los partidos de la coalición de gobierno.
Las voces de cerrar el Congreso y llamar a nuevas elecciones, inclusive presidenciales, ya se escuchan. Todo esto en medio de una crisis con Ecuador, que aún no se supera, y con un Rafael Correa al lado que no calla su descontento por la usurpación armada de su territorio. Sin duda una semana dura.
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