Edición impresa

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook

El siglo del doctorado

Rincón del autor La ola de estudios superiores responde ya no a una política oficial de desarrollo nacional, sino al hambre educativo de la gran masa de la población

Por Richard Webb

La historia humana empezó hace millones de años, pero en el breve espacio de un siglo o siglo y medio la vida se viene transformando radicalmente de tres maneras: entre los años 1900 y 2050, casi toda la población del mundo pasará de vivir en el campo a vivir en ciudades y de ser analfabeto a ser egresado de estudios superiores. Junto con la nueva tecnología de la comunicación, la educación formal y la urbanización multiplicarán el círculo de posibles relaciones personales de cada persona durante su vida.

El secreto de "La riqueza de las naciones", título de la obra principal de Adam Smith, siempre preocupó a los líderes de las grandes naciones y se relacionaba principalmente con la tecnología y el capital físico. Si bien se reconocía la importancia productiva del alfabetismo, fue solo a inicios del siglo XX que se empezó a identificar la riqueza de las naciones con la educación primaria y secundaria más allá de saber leer y escribir. Desde ese momento, las naciones más poderosas empezaron a competir agresivamente para educar a sus poblaciones, elevando rápidamente el gasto educativo y la matricula escolar. Cuando se inició el siglo, la matrícula escolar era insignificante en casi todos los países, con la única excepción de Estados Unidos. Cuando cerró el siglo, la educación primaria y secundaria era un logro universal en los países desarrollados. Ese ejemplo fue seguido vigorosamente por los países menos desarrollados, los que a su vez ya vienen logrando la educación primaria casi universal y tasas de escolaridad secundaria de más de la mitad de la población. Incluso en muchos países del tercer mundo la educación superior, universitaria y en institutos, se está acercando a los niveles que tenían los países más ricos hace pocos años. En Asia del Este, por ejemplo, los egresados de la educación superior eran apenas 4% de la población en 1980, pero hoy son 20%, mientras que en América Latina el nivel creció de 14% a 29%.

La ola de estudios superiores responde ya no a una política oficial de desarrollo nacional, como fue inicialmente, sino al hambre educativo de la gran masa de la población. Un título universitario para sus hijos es el anhelo común del que llega a un asentamiento humano en el Perú. Y crecientemente, la respuesta ya no es del Gobierno sino de la actividad privada. En todo el mundo se privatiza la educación superior, no por un desinterés de los gobiernos sino por su incapacidad fiscal y ejecutiva para satisfacer la extraordinaria demanda de la población por una educación superior práctica, moderna y bien administrada. La educación privada ha permitido una rápida diversificación del contenido y de la forma de enseñar, generando nuevas carreras, educación virtual, horarios flexibles, y una gama de niveles de calidad que se adaptan a la diversificada realidad socioeconómica de países como el Perú. En Corea del Sur, por ejemplo, el número de instituciones educativas privadas de nivel superior era cero en 1980 y hoy llega a 298: Cambios similares se dieron en Chile, Polonia, Turquía y Tailandia. Cabe señalar, sin embargo, que si bien se viene creando un capital humano que contribuye al desarrollo productivo de los países, la educación superior que en forma creciente proviene de la iniciativa privada no cumple con dos funciones tradicionales e importantes de la universidad: el desarrollo de los valores a través del estudio de las humanidades y la investigación científica. El doctorado debe prepararnos no solo para producir más sino también para saber como vivir mejor.

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook