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¿Comadronas de mercado con poder regional?

Por: Juan Paredes Castro |

Una respetable comadrona de mercado posiblemente entendería sus limitaciones y no aspiraría a ejercer poder político regional alguno. Sin embargo, hay presidentes regionales que pretenden comportarse como comadronas de mercado y terminan haciendo el peor papelón de su vida.

Cuando ya veníamos de aguantar las majaderías de Hernán Fuentes en Puno, incluidas sus extravagancias separatistas, el chimbotano César Álvarez entró de pronto en un ataque de histeria contra el ministro de Salud, Hernán Garrido Lecca, a quien amenazó con sacarlo a patadas cada vez que se atreva a inspeccionar un hospital de la región Áncash.

Quien esto escribe no podía creer que Álvarez hubiera perdido la cordura después de haber conversado con él, hace medio año, no solo sobre sus proyectos de infraestructura vial para la zona de Conchucos, sino sobre otros económicos y comerciales para promover la integración de las vertientes costera y serrana de Áncash. La sinceridad con que entonces asumió sus errores vinculados al alboroto político violento que promovió en Chimbote parecía colocarlo en el camino de la enmienda.

Conductas como las de Fuentes y Álvarez parecen nutrirse del malentendido popular de que los votos que recibieron en las urnas les pertenecen y que, por consiguiente, pueden hacer lo que les dé la gana. Lo que en verdad uno y otro han recibido en las urnas es la delegación de un mandato regional que implica deberes y obligaciones, como una administración eficiente y una transparente rendición de cuentas.

Es más: Fuentes y Álvarez deben entender que sus afanes autónomos, por legítimos que sean, no deben hacerles perder la perspectiva de que hay un consejo de ministros, una administración pública y organismos de control que reconocer y respetar.

Y a diferencia de Álvarez, a Fuentes no le sobra la plata. Posiblemente tiene más derecho al pataleo que el primero. Pero con millones en sus arcas y todo, Álvarez puede parecer el más pobre de los presidentes regionales si su frivolidad y sus berrinches distraen el esfuerzo que debe dedicar a contratar una buena gerencia general que impulse los ambiciosos proyectos en los que se ha metido.

En su propósito de impedir la supervisión del estado desastroso en que se hallan los hospitales de Áncash, hay un extremismo mayúsculo que Álvarez no debe exacerbar más. Si no le gustó que el ministro hiciera el trabajo que debió haber hecho él, mala suerte.

Mala suerte, porque ahí donde están de por medio la educación y la salud, si no supervisa el presidente regional lo tendrá que hacer el ministro del ramo, y viceversa. Peor que no lo haga nadie.

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