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ENTREVISTA. Boris Izaguirre

"Escribo para seducir a mis lectoras"

DOS HERMANAS, UNA FAMILIA DESTRUIDA, UN PAÍS FRÍVOLO Y VIOLENTO. CON ESTOS ELEMENTOS EL ESCRITOR VENEZOLANO, FINALISTA DEL PREMIO PLANETA 2007, CONSTRUYE "VILLA DIAMANTE", NOVELA QUE RECUPERA LA AÑEJA TRADICIÓN DEL MELODRAMA

Por Enrique Planas

Sí, escribir una novela como "Villa diamante", totalmente en clave de melodrama, ha sido un reto atrevido para Boris Izaguirre (Caracas, 1965), aunque el escritor confiesa que ha hecho cosas peores: "como bajarme los pantalones cada dos por tres en la televisión española".

Para el showman, guionista, articulista y escritor venezolano, el libro con el que llegó a ser finalista de la más reciente edición del premio Planeta, ofrece otra clase de desnudez, la de un autor que afirma sin vergüenza haber aprendido a escribir desde la telenovela. "Siempre defendí que la telenovela era el verdadero producto cultural latinoamericano --afirma --. En ella encontramos por fin nuestra identidad y nuestra tranquilidad como latinoamericanos".

Por eso, al sentarse a escribir este libro, quien fuera responsable de tan memorables culebrones como "Rubí" o "La dama de rosa", decidió basar su trabajo en los cuatro pilares de su obra: el melodrama hollywoodense, el cine mexicano de los cuarenta, su convicción de que la telenovela es una verdad latinoamericana y que el melodrama permite, como se lo enseñó el cineasta Arturo Ripstein, recibir de todo, desde música, hasta reflexiones históricas y políticas. La trama de "Villa diamante" gira alrededor de dos hermanas, una preciosa (Irene) y otra más bien fea (Ana Elisa), envueltas en un marco histórico convulso, ambientado en la dictadura venezolana de Marcos Pérez Jiménez, a mediados del siglo pasado.

Decías en una entrevista que el melodrama caracteriza a los latinoamericanos porque siempre nos hemos visto como víctimas...
Nosotros siempre pensamos que nos han arrebatado algo, nuestro propio ser, la posibilidad de desarrollo. El melodrama ha funcionado muy bien con nosotros porque alberga sentimientos que no son siempre transparentes, como son la incertidumbre o la venganza. Estos sentimientos generan situaciones fabulosas y únicas. Escribiendo "Villa diamante", descubrí que Ana Elisa era una protagonista totalmente melodramática porque, en el fondo, ella es como Latinoamérica. Es una persona que esta allí, pero nadie se preocupa de ella. El desasosiego natural de este continente es saber que siempre ha sido abandonado, que no es querido.

¿Cómo descubriste ese mundo de tensiones, entre mujeres envidiosas de la belleza de sus hermanas?
Creo que eso es muy venezolano. En Caracas, los concursos del Miss Venezuela son otra clase de dictadura también. Caracas ha vivido totalmente perseguida por la idea de la belleza, convertida esta en moneda de cambio. La idea es ser bella para salir de la pobreza. La relación entre una hermana guapa y otra fea nunca se asume ni puede asumirse. Es un odio que puede ir alimentándose por años hasta que un día estalla. Es un elemento sensacional. En realidad, esta novela nació por mi obsesión con una casa que construyó en Caracas el arquitecto Gio Ponti en 1957. Entonces Caracas era la ciudad del futuro, la capital de la riqueza, la novedad, la prosperidad. Y esta casa es la primera construcción global en la ciudad, desde la cristalería, la cubertería, los muebles, la colección de arte, todo estaba diseñado por Ponti. Lo curioso es que mientras está sucediendo una dictadura militar, también se vive esta explosión creativa de la ciudad. Pensé que dos hermanas, una guapa y otra fea, podrían establecer la dualidad necesaria para hilvanar la novela. Cuando recogí el premio y presenté a ambos personajes dije: una es guapa, la otra fea, y yo no soy ninguna de las dos (ríe). La mujer en la que Ana Elisa se convierte está hecha de pedazos, como un rompecabezas que va armándose. No podría hacer ese rompecabezas si su bella hermana no estuviera tan construida desde el principio. Y ella empezará más tarde a sospechar que la construcción exacta de su hermana perfecta era en realidad un castigo, pues ella, desde su fealdad, tenía la posibilidad de vivir libremente. Pensé mucho en esa relación para seducir a mi lectora, que creo que es también mi verdadero interés al escribir.

¿Escribes pensando en el público femenino especialmente?
Pienso en las lectoras sí. Me encanta halagarlas. No veo nada malo en eso. Pienso que más tarde la lectora se lo ofrecerá a su marido, a su esposo, hermano o padre, y allí tendremos un lector. Pero pienso que es bueno que el punto de inicio de la lectura sean ellas.

Otro gancho de tu novela es la idea de país, una Venezuela definida por la superficialidad y la violencia.
Lleva unos 400 años así. Y no es algo traído por el petróleo. Era natural entre los aborígenes, de ese indio Caracas del que no hay nada dicho, salvo lo que cuentan los españoles que los encontraron peleándose por una mata de tomate. No se ponían a cultivar otra, sino que tenían esa sola. Yo siempre he sido un observador de esa dicotomía de la sociedad, es mi gran fascinación y tarjeta de salida también. Yo creo que puedo ser superficial, pero es imposible que sea violento. No hay que confundir la superficialidad con la frivolidad, y muchísimo menos con la ironía.

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