Por Fernando Vivas
El escándalo de Skándalo no escandaliza, hastía. El mánager Rolly Ortiz se subió en mal momento al coche del testimonio bamba. Justo cuando no queremos saber nada de Laura Bozzo y dudamos hasta de los ampayes de Magaly --que se toman por sacrosanta verdad en el periodismo de espectáculo--, no se le ocurre a este facedor de entuertos mejor idea que promocionar su grupo acusando a un ex integrante mayor de edad, David del Águila, de abusar sexualmente de su compañero Kevin, de 14 años.
Lo hizo de tan chusca y pública manera que se le veía el forro a la patraña. Magaly se hizo la que no lo vio cuando los tuvo en el set, pero un día después se asumió engañada y arremetió contra Ortiz. Otro Ortiz, Beto, junto con Aldo Miyashiro, desmontó en "Enemigos íntimos" la mascarada paso a paso contando con el testimonio de Gerald Pinedo, otro chico Skándalo que dice haber desertado del grupete por sus "principios morales", confesando que fue testigo de cómo Rolly, tomando el papel de Magaly, ensayaba con Kevin lo que diría en el set de ATV. Esto es lo bueno de las peleas de monstruos en la 'tele', se echan unos a otros y la verdad se abre paso. Aunque en este caso no hay que cantarla todavía, pues este David parece tan auténtico como sus ojos azules, su pelo tornasolado y su amor por Florcita Polo Díaz.
Dejemos ahí las dudas y vamos a las certezas. Kevin, alentado a hablar por su mánager, tal como vimos, es un menor de edad expuesto mediáticamente en una situación peligrosa para su salud mental, pues su relato, verdadero o falso, puede generar traumas y sentimientos de culpa.
Es un caso similar a aquellos de niñas manipuladas por los que el Ministerio de la Mujer (Mimdes) denunció ante el Ministerio Público a Laura Bozzo. Así que el propio Mimdes o, de oficio, alguna fiscalía, debieran abrir investigación a este Rolly Ortiz, para que no juegue con la personalidad de los chicos ni con los sentimientos de los espectadores. Que no les haga zapatear las hormonas más de lo que la edad y la fanaticada demandan. Jugar irresponsablemente con la calentura juvenil es jugar con fuego y con la ley.