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FRENTE A FRENTE: ¿SE DEBE SEPARAR A ADUANAS DE LA SUNAT?

Una fusión que no funcionó

Por Rafael Rey. Ministro de la Producción

Antes de dedicarme a la política, es decir, al servicio público, tuve la oportunidad profesional de trabajar durante 12 años en el sector privado y siempre muy cerca a la labor de Aduanas.

Me correspondió inaugurar y conducir el primer depósito aduanero del país en Ransa Comercial, introducir el servicio de transporte multimodal a través de la empresa naviera CCT del Perú, subsidiaria de CCT Inc. y, finalmente, abrir el primer terminal de almacenamiento del Perú con la Agencia Marítima Santa Sofía. Las tres experiencias significaron realizar infinidad de absurdos trámites burocráticos, conseguir la modificación de exigencias obsoletas, la redacción integra de nuevos reglamentos que establecieran procedimientos rápidos y razonables, el diseño material de los formularios que hicieran compatible la operatividad eficiente del servicio que se quería brindar con un razonable control aduanero y hasta el diseño, redacción y aprobación de una nueva ley general de aduanas.

No fue fácil, pero aprendí varias lecciones: que la burocracia, con frecuencia, se resiste al cambio y le cuesta entender la necesidad constante de avanzar a la modernidad.

Que si uno desea que las cosas cambien debe estar dispuesto a involucrarse en las acciones que ese cambio exige. Que cuando lo que uno propone es sensato y razonable termina por convencer a quien se opone al cambio. Que es indispensable que los puestos públicos sean ocupados por personas no solo honradas, sino con sentido común y capacidad intelectual. Que las autoridades aduaneras tienen que entender, y algunos no lo entienden, que su papel debe ser no solo fiscalizador sino, sobre todo, promotor y facilitador. Que hay que legislar pensando más en cómo simplificar las cosas a quienes desean cumplir las normas, en lugar de hacerlo pensando en cómo evitar que los sinvergüenzas las transgredan. De lo contrario, se complica innecesariamente a los primeros y no se evita el mal proceder de los segundos que siempre encontrarán la manera de cometer sus fechorías. Que no se debe reglamentar pensando tanto en facilitar la tarea del que controla, sino en cómo hacer compatibles las facilidades al usuario con el razonable control ex -ante y la ejemplarizadora sanción ex -post para el infractor. 

Todo lo anterior viene a cuento de mi convicción de la conveniencia de separar Aduanas de la Sunat. 

La Sunat tiene una visión fundamentalmente recaudadora y fiscalizadora que, por cierto, tampoco justifica los abusos y exageraciones en los que con frecuencia incurren algunos de sus funcionarios. La Aduana debe tener, y hoy no tiene, una visión especialmente facilitadora. 

Nunca estuvo mejor Aduanas que cuando era una superintendencia, independiente de la Sunat y dirigida por personas como Arturo Ramírez o Carmen Higaonna, que hicieron importantes reformas que facilitaron el comercio. 

Y a pesar de las buenas intenciones y hasta de la calidad personal de los diversos jefes de la Sunat, me atrevo a decir que desde la fusión de ambas instituciones el 'servicio' de Aduanas ha venido decayendo progresivamente y deja hoy mucho que desear. 

Tan urgente es, en mi opinión, la separación de Aduanas de la Sunat como el nombramiento de un superintendente aduanero que comprenda el papel al que está llamada la autoridad aduanera. Ahora más que nunca.

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