Por José Quezada Macchiavello
La Sociedad Filarmónica inició su temporada de abono número 101 con un concierto a cargo de la agrupación de cámara israelita Accademia Daniel, bajo la dirección del polifacético músico Shalev Ad-El, quien se desempeña también como clavecinista. Shalev Ad-El es conocido en nuestro medio, donde en otra oportunidad realizó una corta, pero fructífera labor de enseñanza en el Conservatorio Nacional de Música.
Los cinco miembros de la Accademia Daniel desarrollan una intensa carrera internacional, especialmente en varios países de Europa, y se reúnen bien sea en Israel o en Londres para ensayar. Su repertorio es esencialmente barroco y lo abordan desde una perspectiva históricamente informada.
El programa estuvo íntegramente dedicado a conciertos para clavecín y cuerdas del compositor alemán Johann Sebastian Bach. Qué distante la imagen sonora de los conciertos de clave de Bach, como se escuchaban con frecuencia hace unas décadas, en piano y con una orquesta de cuerdas relativamente numerosa (alrededor de 20 instrumentistas), de la manera como escuchamos cuatro de estos en el excelente concierto de apertura de la temporada de la Sociedad Filarmónica.
Bastan dos violines, una viola y un violonchelo para lograr con el clavecín solista una versión convincente. Es más, el balance entre cuerdas y clavecín es ideal con esta cantidad mínima de instrumentos. Se trata de conciertos para un ensamble de cámara muy distante de la orquesta que resultaría anacrónica, por más que se tratara de una orquesta de cámara. Quizá Bach tocara así sus conciertos reservando para otras obras de mayor formato, especialmente en sus suites orquestales o en sus cantatas y misas, las formaciones mayores, aunque nunca con el número que se encontrara en las sinfonías últimas de Haydn o Mozart.
Es un hecho, sin embargo, que intentar una reproducción fiel de la manera como se tocaba en el barroco es un vano esfuerzo, en la medida en que solo quedan datos sueltos y a veces contradictorios sobre cómo se tocaba, cómo se afinaban los instrumentos, el tempo, etc. Sin embargo, la investigación musicológica ha facilitado en las últimas décadas una vasta cantidad de información histórica que hace posible que hoy se reconstruyan estilos y maneras, o mejor dicho se reinventen, desde una perspectiva creativa y fiel precisamente a la información. Insisto en la importancia de la flexibilidad, puesto que la música no es algo estático, sino más bien un fenómeno de comunicación, en permanente cambio. Se toca para oídos contemporáneos. Creo que la Accademia Daniel acierta en su manera de encarar la música barroca, con su rigurosa actitud comprometida y reconstructiva, pero también con la fantasía y la expresión vital que imprime en sus interpretaciones.
Si bien debo destacar la estupenda calidad de los músicos en este primer concierto de temporada, creo que es justo recalcar la que ostenta Shalev Ad-El, notable clavecinista de gran técnica y brillante capacidad interpretativa; sin duda, el alma de esta agrupación barroca, que le imprime carácter, y a pesar de la aparente poca variedad del programa, subyuga al público convocado por la centenaria Sociedad Filarmónica.