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APRODEH LA METIÓ Y EL GOBIERNO ARREMETIÓ

La comedia del terror

Por Fernando Vivas. Periodista

No tiene nada de cómico el terrorismo emerretista, pero la metida de pata de un veterano activista pro DD.HH. como Pancho Soberón y la consiguiente grita destemplada de Raffos y Alcortas contra las ONG más valen tomarse con humor. (No río igual ante el vicepresidente Luis Giampietri, pues fue rehén del MRTA. Por el contrario, me aterra que se avive su paranoia de guardián de cumbres y presione para barrer las calles de mendigos y encerrar sospechosos hasta noviembre, cuando los invitados del APEC se hayan ido. ¿Será ese el plazo para soltar a Melissa Patiño y sus compañeros bolivarianos, de quienes hasta ahora la policía no da prenda contundente que justifique encierro en lugar de seguimiento?)

Aprodeh, pues, la metió y la propia Coordinadora Nacional de DD. HH., de la que es parte, lo ha hecho saber en comunicado: "Más allá de que dicha organización (MRTA) permanezca activa o no, su inclusión en cualquier lista de organizaciones terroristas puede contribuir a mantener presente el estigma de sus atrocidades".

O sea, sí valía la pena la inclusión. Pero no fue la percepción de que el MRTA esté inactivo lo que determinó a Aprodeh a plantear lo contrario. Soberón es un tipo sincero y ha dicho que no apoyó la moción de los eurodiputados del PSOE español porque teme que el Gobierno use estas listas negras para exacerbar la criminalización de sospechosos.

Ahí esta el quid de la metida de pata: Aprodeh decidió en función de cálculos y no de principios. La bronca político-judicial los cegó (Giampietri y Alan García están implicados en el caso de El Frontón, que la ONG promueve) y no vieron que la ocasión demandaba afirmar, ante la ciudadanía, un principio elemental: condenar sin medias tintas a quienes atentan contra nuestra vida. Ojalá que esta valiosa ONG se reivindique con un gesto conciliador: Apoyar el lobby para que el Consejo de la Unión Europea considere lo que el Parlamento Europeo baloteó.

Hasta aquí la graciosa metida de pata. La farsa empezó cuando el Gobierno cargó toda la culpa de la votación adversa a Aprodeh, ocultando que, en realidad, la moción del PSOE la alentó, con mal olfato, nuestro embajador en Bruselas Jorge Valdez. El eurodiputado Luis Yáñez, del PSOE, reveló a este Diario (26/4/2008, página 8) que Valdez se empeñó en la moción a pesar de que se le aconsejó lo contrario. El embajador ha minimizado lo dicho por Yáñez, pero su responsabilidad es insoslayable.

Y la misma farsa llegó a cotas chirriantes en boca de los fujimoristas (los hay en varias bancadas) que acusaron a Aprodeh de pro terrorista y reavivaron su eterna campaña contra las ONG. Para remate, se retiró a los activistas pro DD.HH del Consejo Nacional de Derechos Humanos. Se dice que las ONG perturban la confidencialidad de este ente cuando hace el seguimiento de litigios del Estado. Pues que se redefinan sus funciones. Necesitamos otro gesto conciliador para que la comedia no se torne agresiva: que el Gobierno reconsidere esta mañosa exclusión.

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