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La cultura del parchecito

Rincón del autor. Muchas veces, nuestro pragmatismo cortoplacista nos impide ver el largo plazo y abocarnos a crear la infraestructura necesaria para crecer sostenidamente

Por Beatriz Boza

La capacidad de recursearse para solucionar problemas prácticos es una virtud del pueblo peruano. Basta pensar en el mecánico que pone una media nailon alrededor del tubo para evitar que filtre la gasolina, el electricista que usa el tenedor como antena para captar mejor la señal de TV, el chofer que le echa Ajinomoto al radiador para pegar una rajadura, el ama de casa que coloca las tapas roscas de las gaseosas en las patas de la mesa de metal para que no rayen el parquet o la joven que usa la Coca Cola como bronceador.

Nuestra capacidad de recursearnos nos ha permitido sobrellevar la escasez en épocas de crisis. En algunos casos, sin embargo, el recurseo no es suficiente. Es necesario darse cuenta cuando la solución provisional --por más exitosa que esta sea-- resulta poco satisfactoria a la larga. Así, por ejemplo, si bien los parches son eficaces para tapar agujeros, tratándose de temas de estructura, en vez de encubrir es necesario atacar el problema de fondo para que el remedio no empeore la cura.

Este año, por querer poner la casa bonita para recibir a nuestros invitados internacionales, estamos arreglando calles, aceras, parques y avenidas. El caos generado por el parchado de pistas en Chorrillos, Miraflores, San Isidro y otros distritos de Lima, en particular las avenidas La Marina y Javier Prado, además de Cusco, Arequipa, Cajamarca y Chiclayo, pone de manifiesto los límites de la cultura del parchecito. Es que, muchas veces, nuestro pragmatismo cortoplacista nos impide ver el largo plazo y abocarnos a crear la infraestructura necesaria para crecer sostenidamente. ¿Qué tenemos que hacer hoy para garantizar el crecimiento ordenado de nuestras ciudades? ¿Qué tipo de infraestructura vial requerimos? ¿Cómo y hacia dónde debemos enfocar el desarrollo de nuestros distritos para garantizar una vida armoniosa en sociedad?

Lo anterior se agrava porque el 'boom' de la construcción de edificios genera presiones en términos de estacionamientos y parqueo para visitantes, además de la necesidad de ampliar las redes de agua y desagüe en barrios que antes solo tenían casa con jardín. Ello supone cambios dramáticos en la arquitectura, tráfico vehicular y estilo de vida en nuestras ciudades ¿Qué visión tenemos a 50 años de nuestros distritos? ¿No será que ya tenemos que pensar en vías expresas de doble piso al estilo del periférico mexicano o las autopistas chilenas? En una coyuntura de arcas fiscales llenas, en vez de tanto parchecito para maquillar nuestras ciudades, tocaría abordar temas más centrales a nuestro futuro, porque el futuro lo construimos hoy.

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