Por Ángel Cappa. Técnico de fútbol
Lo dan todo. Con una entrega tan generosa que es imposible no conmoverse. En cada pelota dividida, en cada salto, en cada carrera. El esfuerzo es máximo. No se guardan nada. Liverpool y Chelsea son muy parecidos en todo. Juegan con un espejo enfrente donde ven su propia imagen con otra camiseta. Hasta ahí estamos en presencia de un espectáculo vibrante. Tan vibrante como plano. Sí, porque el talento es un intruso que de vez en cuando se cuela en alguna jugada individual, en alguna asociación aislada.
Mucha lucha en el medio, pierna fuerte, carácter firme. El propósito es ganar un mínimo espacio para meter un pelotazo largo al único delantero de punta que tiene que tener la capacidad, más física que técnica, de aguantar la pelota o bajarla para los volantes que llegan al rebote. Y llegan, eso sí. Nadie mira ni se acomoda. Todos corren. Tal vez por eso no tienen tiempo de jugar. Es que a tanta velocidad, con tanto vigor, es dificilísimo tener precisión. A veces lo logran y salen jugadas electrizantes. Pero muy de vez en cuando. También viven esperando algún error del adversario.
Si estás tomando un café y desviaste la vista para un sorbo, te lo pierdes. Así son Chelsea y Liverpool. No esperen otra cosa porque no lo van a encontrar. Si son partidarios de este tipo de fútbol que algún atrevido llama moderno, vivirán emocionados todo el partido. Ahora, si les gusta el buen fútbol, el toque, las gambetas, la elaboración del juego, la inteligencia para recuperar colectivamente, entonces se aburrirán a más no poder. El resultado es más producto de la casualidad que del fútbol que puedan crear. Esta vez le tocó al Chelsea que dentro de esas características fue mejor. Jugará la final contra el Manchester que tiene otra filosofía, mejor diría yo, aunque en los últimos partidos lo haya disimulado bastante bien. De todos modos el fútbol inglés tiene la virtud de respetar el espectáculo. Los partidos tienen, por eso, continuidad. Será una final interesante, donde chocarán dos concepciones diferentes, y donde no se darán tregua.