Por Rolando Arellano. Doctor en Márketing
De la siesta a la fiesta
Durante mucho tiempo la imagen que los países desarrollados tenían de los latinoamericanos fue la del mexicano haciendo la siesta en la calle, con su sarape y su sombrero caído. En este Día del Trabajo conviene remarcar que el Gobierno del Perú, al declarar varios días no laborables en Mayo y en Noviembre para facilitar la realización de las conferencias de ALC-UE y APEC en Lima, mostrará ante el mundo que esa imagen de latinos poco trabajadores y fiesteros en nuestro país parece corresponder a la realidad.
El lector recordará que la figura del latino durmiendo la siesta, que se encontraba con frecuencia en las historietas, se complementaba en los dibujos animados con el latino bailando y cantando con una guitarra en la mano, con frecuencia con unos tragos de más adentro. Felizmente, esta imagen fue cambiando conforme algunos de nuestros países, el propio México entre los primeros, empezaron a mostrar al mundo que eran capaces de trabajar fuertemente y de orientarse hacia el desarrollo duradero. Con el tiempo, eso se corroboró con las estadísticas mundiales, que señalan que los latinoamericanos trabajan en promedio casi dos horas diarias más que sus pares de los países desarrollados, y que si de algo podría acusársenos es de poca productividad, pero no de poco esfuerzo.
Entendemos que el Gobierno Peruano quiera mostrar la mejor cara del país frente a los distinguidos visitantes que tendremos en los próximos días y meses. Por ello apoyamos sin reparos el pedido de que la población declare una tregua a las protestas sociales durante esos momentos. Aceptamos también que se martirice a los ciudadanos con los arreglos de último momento de calles y avenidas. Somos capaces hasta de perdonar la ineficiencia de hacer a última hora las mejoras que se debieron hacer hace muchos meses. Lo que no nos parece aceptable, y mucho menos coherente, es que en estas reuniones dedicadas a la productividad, los negocios y el crecimiento económico, los visitantes encuentren una ciudad parada, que da una imagen de indolencia y desperdicio de recursos.
Imagino al empresario norteamericano que nos visite preguntándose ¿quién compensa las pérdidas de las empresas que no trabajan hoy por mi presencia, y que además tienen que pagar el sueldo de sus trabajadores? Supongo que cualquier congresista europeo se dirá ¿quién atiende a los enfermos en estos días que estoy yo por aquí? Sospecho de algún ministro de Economía asiático diciendo ¿y de qué vivirán hoy los trabajadores independientes que no tienen a quién vender sus productos? Terminarán su reflexión quizás analizando cuidadosamente si vale la pena trabajar con una nación que parece vivir todavía balanceándose entre la siesta y la fiesta. Y, evidentemente, dudarán de la confiabilidad de invertir en un lugar cuyos gobernantes sacrifican 4 días de trabajo de su ciudad más importante --el 2% de su producción anual-- para organizar reuniones como estas.
CENTRUM CATÓLICA. ARELLANO MÁRKETING. INVESTIGACIÓN Y CONSULTORÍA.