Por: Juan Paredes Castro |
La Confederación General de Trabajadores del Perú (CGTP) quiere forjar una alternativa de poder. Quiere ser o hacer un partido político.
La pregunta es si la CGTP se ha olvidado qué quiere ser en sí misma, y, como tal, a quiénes definitivamente pretende servir, antes de dar un paso en un camino ajeno a sus principios y prácticas, como es la carrera por la presidencia o por asientos en el Congreso.
En lugar de aproximarse a una aventura política como la que propone su secretario general Mario Huamán, la CGTP tendría que revisar profundamente su oferta de sindicalización, que sigue siendo muy pobre, no solo por estar restringida a una afiliación ideologizada muy arcaica y sectaria, sino porque aparece absolutamente desconectada de ciertas realidades como el crecimiento económico y la mejora de los niveles de empleabilidad, sobre los que se puede discrepar sin negarlos.
El rechazo de Huamán al modelo económico peruano (desconocemos cuál sea la propuesta propia y original de la CGTP) y su cuestionamiento a la política laboral del Gobierno, se presenta, como hemos visto hasta hoy, más teñido de prejuicios tontos que de argumentos fundamentados.
Es más: nos sorprende de pronto planteando para el Perú el modelo económico del boliviano Evo Morales, cuya política de estatización de empresas tiene que recordarle a muchísimos peruanos la destrucción económica que labró en el país. Ya antes Huamán había intentado convocar un masivo paro de protesta por el incremento inflacionario del 4% y exhibir como remedio el modelo económico-fiscal-financiero de Hugo Chávez, olvidando el 24% de inflación que sufren los venezolanos.
No hay manera de negarle a la CGTP postular a quien quiera a la Presidencia de la República. ¿Pero no es más importante para esta organización constituirse en la mejor alternativa sindical del país, aquella en la que todos los trabajadores peruanos puedan confiarle la defensa de sus derechos, en lugar de mirarla con recelo y desconfianza cada vez que emerge en las coyunturas políticas calientes? ¿Sus frecuentes amenazas de paros y marchas, mientras su ausencia en una mesa de concertación, junto al Gobierno y al empresariado, se torna inexplicable y preocupante, acaso no desdibujan su perfil en la trinchera de la lucha social?
La CGTP no saca nada ofreciéndoles a los trabajadores peruanos conquistar el poder si primero ella no conquista la confianza de aquellos que escuchan anonadados los discursos de Huamán.