EDITORIAL
¿Hasta cuándo vamos a seguir lamentando trágicos accidentes de trabajo en la construcción civil, como el producido en Miraflores? ¡Cuidado! Dos tragedias de características similares en menos de seis meses dan cuenta de la negligencia, improvisación y falta de control en este sector.
Los ministerios de Trabajo y de Vivienda y Construcción tendrían que actuar de inmediato para atacar el problema de fondo: es decir, la falta de supervisión sobre empresas constructoras que no ofrecen a sus obreros mínimas condiciones de seguridad ni cumplen normas básicas relacionadas con la construcción.
Si bien no se puede generalizar, estamos ante prácticas recurrentes de constructoras con una pésima cultura empresarial que trabajan casi como informales, a las que no les interesa realizar un trabajo de calidad y que, por lo tanto, tienen que ser severamente sancionadas para desincentivar el incumplimiento de la ley.
En paralelo, tampoco se puede negar la responsabilidad de las municipalidades. Su labor no solo es conceder licencias de construcción, en ocasiones de manera indiscriminada y con celeridad por los ingresos que generan, sino también llevar un registro de las contratistas y verificar qué obras se están realizando en sus distritos. Para ello deben contar con peritos que por lo menos evalúen la calidad de columnas, techos y muros laterales. Eso es fundamental sobre todo ahora que está en vigencia la Ley 29090 o Ley de Regulación de Habilitaciones Urbanas y de Edificaciones, que aligera la participación de las comisiones técnicas de los colegios de ingenieros y de arquitectos en la supervisión de obras. ¿Si las municipalidades carecen de técnicos para esta labor cómo impedir estas tragedias?
Estos hechos, que denigran el 'boom' de la construcción, no pueden quedar impunes. Los responsables de esta nueva tragedia deberían asumir su responsabilidad ante los tribunales y ante las familias de las víctimas. No vaya a ser que suceda lo mismo que con el caso de La Victoria, donde no se ha compensado aún a los familiares de los ocho obreros que allí murieron.