Por Aurelio Ochoa Alencastre. Ingeniero
Una importante noticia fue la buena pro del gasoducto Pisco-Ica-Marcona, con lo cual en poco tiempo el gas de Camisea se extenderá más allá de Lima y Callao. Paralelamente, se ha producido una situación sui géneris: el interés de dos empresas por llegar con el gas hasta un destino común, Ilo. Pero a través de dos rutas no solo distintas sino, sobre todo, excluyentes.
La ruta de la costa tiene la opción de partir de Humay (Ica) o extender la línea desde Marcona constituyendo un ramal secundario del actual ducto principal que parte de Camisea es decir, 100% dependiente de aquel ante cualquier colapso del mismo, a lo que se añade su pronta saturación de capacidad de transporte, consecuencia de: el acelerado consumo eléctrico limeño, el futuro polo petroquímico de Pisco o Marcona, el potencial mercado del sur y el proyecto de exportación de Melchorita.
La ruta andina por el contrario, constituiría un ducto 100% independiente que partiendo del mismo yacimiento de Camisea atravesaría 16 provincias sureñas de fuerte exclusión social y densamente pobladas, conforme lo indican las cifras del INEI, por lo que, la llegada del gas a esos lares sería el detonante para su despegue económico a través de proyectos importantes como la termoeléctrica en Cusco, las cementeras de Canchis y Puno, el hierro 'esponja' de Ferrobamba, la metalmecánica de Juliaca, la agroindustria en Arequipa y Moquegua, los ocho grandes proyectos mineros sureños y finalmente, la petroquímica y termoelectricidad en Ilo.
Aun con aquellos importantes proyectos, por un buen tiempo, la magnitud del mercado sureño por el momento no resistiría económicamente dos ductos simultáneos y eso lo saben muy bien las autoridades, de lo que se infiere que, dar autorización a ambas opciones implicaría condenar implícitamente la opción andina, por el mayor tiempo que conllevaría su ejecución dada la complejidad del terreno; así su llegada a Ilo sería tardía, consecuentemente, el mercado potencial sería copado por la otra opción. Ante tal disyuntiva de inviabilidad --resulta obvio que ningún inversionista privado optará por materializar dicha ruta-- perdedores seremos los peruanos, pero sobre todo lo serán las poblaciones sureñas al no poder materializar los proyectos antes señalados, además de otros que irán surgiendo en el camino consecuencia del próximo funcionamiento de la interoceánica sur; pero también perderán las poblaciones del resto del país pues de producirse cualquier percance con un único ducto como el actual, podríamos asimismo quedar temporalmente desabastecidas del fluido eléctrico. Depender indefinidamente de una sola ruta de abastecimiento energético resulta más que preocupante .
El Congreso de la República a través de la Ley 29129 declaró de "necesidad e interés público" la construcción del ducto andino, y el propio gobierno en pleno asumió este compromiso en noviembre del 2007 ante el pueblo y autoridades cusqueñas y más recientemente ante el país entero. Por nuestro bien esperemos que en ambos casos no se trate de simples declaraciones líricas. Compartimos lo señalado por la Sociedad Nacional de Industrias, "en esta oportunidad, el Perú no puede darse el lujo de equivocarse".