Por Fritz Du Bois
En los próximos días Lima será sede de la reunión de la Unión Europea con Latinoamérica, sin embargo, a diferencia de lo que ocurrirá en la reunión del APEC de noviembre próximo, en esta ocasión hay poca cosa que acordar en materia económica al ser este un foro más político que el del Pacífico. Por ello, es propicio que el Gobierno plantee formalmente la negociación bilateral del TLC con la UE en lugar de seguir amarrados a la CAN, al menos de esa manera lograremos sacar algo concreto del encuentro.
Es bueno recordar que hace ya seis años (el mismo tiempo que ha tomado negociar, ratificar e implementar el TLC con EE.UU.) los funcionarios tanto de la Comisión Europea en Bruselas como de la Comunidad Andina en Lima acordaron que, a diferencia de Chile y México que sí tienen tratados bilaterales de libre comercio con la UE, nuestros países deberían ir en bloque subregional a negociar. Aparentemente para los europeos es mucha molestia negociar simultáneamente con tanto país pequeño, mientras que a los de la CAN esta decisión les caía como anillo al dedo, ya que aseguraba la sobrevivencia de una abultada y cuestionada planilla que en más de 50 años de existencia no había logrado siquiera negociar un arancel externo común entre sus miembros. Es evidente que los encargados políticos de entonces no le prestaron mucha atención al tema y sin querer queriendo, terminamos embarcados en el lento y viejo ómnibus de la CAN, en un viaje que puede ser eterno.
Por otro lado, el Perú, al tener la mayor participación en la exportación andina a Europa, es quien más se perjudica por la falta de un tratado. Seríamos los peruanos, y en menor medida los colombianos, quienes pagaríamos la cuenta por el facilismo burocrático en ambos lados del Atlántico. Por lo tanto, ahora que tenemos a los jefes de Estado en casa, hay que lograr de ellos una decisión coherente aunque les sea inconveniente a los funcionarios. Cualquiera con dos dedos de frente se da cuenta que es imposible que se pueda lograr un acuerdo que incluya respeto a la propiedad privada y a la libertad de comercio con un gobierno como el boliviano que expropia todo a su paso y cierra las importaciones cuando quiere, sin reparos. Estoy seguro de que existen quienes genuinamente creen en la integración andina y están dispuestos a esperar una vida para lograr ese sueño, pero lo real es que nuestros países no pueden darse el lujo de quedarse pobres y postergados por una ilusión, mientras el resto del mundo prospera en la globalización.
Si bien algunos políticos y empresarios han hablado con ligereza durante años de una "masiva desindustrialización producto de una salvaje apertura", el hecho concreto es que la participación de la industria en el PBI es hoy mayor a la de los años de sustitución de importaciones mientras nuestro nivel de apertura comercial (43% del PBI) es bajo comparado al 75% que tienen tanto Chile como México, nuestros actuales países pares en el grado de inversión. Por lo que pese a todo lo que se dice seguimos siendo una economía demasiado cerrada. Considero conveniente traer el tema a colación porque hay una creciente corriente que busca un retorno a la protección, detrás tanto de la obsesión por mantener la CAN, así como el exigir control al capital para impedir la apreciación del sol.
Por ello, sería adecuado, si el Gobierno cree en lo que predica, que se fije la meta de cerrar con la UE un TLC en máximo 12 meses. De esa forma, sumado a los tratados con EE.UU., China y otros, entraríamos al 2010, que es el inicio del ciclo electoral, con la tranquilidad de contar con dos terceras partes de nuestro comercio exterior garantizado, gracias a acuerdos permanentes que aún de elegir equivocadamente, no se podrían desarmar rápidamente.