Por: Juan Paredes Castro |
El proceso peruano de regionalización podría saltar por los aires si no recobra pronto el mecanismo coordinador que el Gobierno congeló bruscamente, sin reemplazarlo con nada.
Recuérdese que hace más de año y medio el CND (Consejo Nacional de Descentralización) pasó a mejor vida, de la mano con la renuncia irrevocable de Luis Thais, quien se había encargado hasta entonces de construir, mal que bien, los cimientos de enlace entre el país oficial (Lima) y el país real (el interior provinciano, costeño, serrano y amazónico).
Convencido de las virtudes de algunos cambios el gobierno aprista creyó que podría llenar fácilmente la ausencia de ese mecanismo coordinador (el CND) mediante presencias in situ del presidente Alan García y del primer ministro Jorge del Castillo
Sin embargo, ambos no cayeron en cuenta de que los procesos de regionalización y descentralización, tan vinculados entre sí, necesitan de ciertos afinamientos puntuales sobre todo en el roce de competencias entre los ministerios y los gobiernos regionales.
Esta madre del cordero, la de las competencias, ya sea porque el Gobierno Central no las transfiere, las retiene o las burocratiza, o peor aún, las coloca en el limbo, tendría que estar a cargo precisamente de un mecanismo de coordinación especializado e idóneo, capaz de amortiguar hasta los más escandalosos desbordes emocionales de quienes reclaman por y contra algo.
El cuadro de histeria protagonizado por el presidente de la región Áncash, César Álvarez, en protesta contra el ministro de Salud, Hernán Garrido Lecca, por sus visitas sorpresivas a los hospitales del interior del país, ha dado el campanazo de alerta respecto de si un miembro del Gabinete puede o no fiscalizar su sector, en el ámbito nacional, sin permiso de la autoridad regional, o atenerse a las consecuencias de un berrinche soez como el que vimos en la semana o de una demanda en los tribunales.
Todos queremos saber, como reza el título de esta columna, quién gobierna aquí, allá y más allá, para hablar del Gobierno Central, de los gobiernos regionales y de los gobiernos locales, que tampoco son remansos de tranquilidad.
Los fueros propios del Perú como país indivisible y los de su gobierno unitario no pueden perderse porque algún mequetrefe, metido a presidente regional, pretenda alterarlos, ni porque la desidia burocrática crea que no se necesita algo parecido a un CND que acabó inoportunamente disuelto.
Hace falta además que ese mecanismo coordinador sea dinámico y móvil y no un asiento que vegete en alguna oficina de la presidencia del Consejo de Ministros.