Por Carmen Vildoso Ch. Socióloga
Hemos tenido un feriado, como cada año, por el Día del Trabajo. Sin embargo, al 2008, en Lima Metropolitana, trabajar más de ocho horas es "lo normal" en todos los niveles socioeconómicos (NSE). Quienes trabajan más de 10 o más de 12 horas, sumados, se acercan al 30%. Una de cada cuatro personas que trabaja (sin importar el nivel económico) tiene una ocupación complementaria. En pleno siglo XXI no podemos garantizar una demanda del siglo XIX.
Según la IX Encuesta Anual de Empleo de la Universidad de Lima, de la que tomamos estas cifras, la vivencia laboral, suscita satisfacción y temor. La mayoría se declara satisfecha con su trabajo, pero el miedo a perderlo alcanza al 45% de los entrevistados. Solo en el NSE A hay un grupo significativo que considera que sus ingresos han mejorado. La gran mayoría de trabajadores en el nivel E quisiera cambiar de empleo; lo que también se da en los niveles C y D. Además del deseo de obtener mayores ingresos, otras razones para ello son experimentar otro trabajo (en los segmentos A y B) o tratar de contar con estabilidad laboral (segmentos C, D y E).
Entre el 40% y el 50% de los entrevistados que trabajan en empresas formales --según se trate de los niveles A-B y de los niveles C-D-E, respectivamente-- opinan que sus oportunidades de promoción son regulares, malas o muy malas. Este dato hace pensar que los entrevistados han alineado su grado de satisfacción con un bajo nivel de expectativas respecto al mercado laboral. En todos los niveles hay una percepción de poca estabilidad laboral. Los trabajadores de menores ingresos tienen una negativa percepción de la situación del empleo en el futuro, que probablemente explique por qué declaran una elevada disposición a trabajar en el extranjero.
Por su parte, el Instituto de Opinión Pública de la PUCP ha realizado una encuesta que se presta para analizar la visión que tienen los limeños de los empresarios y de los trabajadores peruanos. La percepción más extendida que se tiene de los empresarios es que no respetan los derechos de los trabajadores. Empresarios y trabajadores son criticados por falta de honestidad. A ambos se les reconoce creatividad e innovación. Se cuestiona a los empresarios en cuanto a su capacidad para competir en el extranjero y a los trabajadores por el esfuerzo que hacen o no por capacitarse mejor. Hay imágenes encontradas respecto a hasta qué punto los empresarios piensan en el futuro del país y los trabajadores en el bienestar de su empresa. Al final, la noción que los entrevistados parecen tener es la de dos colectividades que comparten la misma cancha, jugando cada una su propio partido. Salvo excepciones, en las empresas no se gesta comunidad productiva. No ha llegado a concretarse, en el país, un pacto por la inversión y el empleo digno. Sin él, podemos tener crecimiento, pero no garantizar el derecho a jornadas laborales de ocho horas que permitan atender las necesidades de ingreso de las familias.
Secretaria técnica del Acuerdo Nacional.