Por Fernando Vivas
Supe de la serie mexicana "El Pantera" de mala manera, a raíz de una insinuación de Magaly Medina contra los creadores de "La Gran Sangre" (LGS). Ella dio a entender que Aldo Miyashiro y Jorge Carmona, la ex dupla llamada Capitán Pérez, habría plagiado a "El Pantera". Luego se desdijo.
Al parecer, América Televisión no se percató de los apuros que pasó Magaly por su ocurrencia, pues ha lanzado "El Pantera" (domingos a las 6 p.m.) con una promoción que también insinúa, al usar la palabra 'original', que LGS lo copió.
Es una inmadurez, si no una bajeza, del área de promociones de Canal 4 injuriar a la creatividad nacional que, por otro lado, celebra en programas propios como "El santo convento" o "Así es la vida".
Ni ellos ni "La Gran Sangre" le han plagiado nada a nadie y LGS, hay que subrayarlo, se rodó antes que "El Pantera". En verdad, hay tantas similitudes como coincidencias creativas en ambas producciones que participan de un 'feeling' universal, estimulado por Hollywood en todo caso, que lleva a sus autores a fusionar héroes fantásticos a lo Marvel y DC, con personajes de carne y hueso reclutados del cine y la TV policial contemporánea. Una no tan santa alianza entre el maniqueísmo juguetón de lo fantástico con el melodrama y la negrura de lo policial, entre el arte marcial y el 'chongo' local. El grupo La Gran Sangre, por cierto, tiene más chispa que el más individualista y existencial Pantera. Y este, de su parte, tiene muchas diferencias a favor que coadyuvan a su 'look' sofisticado y exportable para sana envidia de Carmona y Miyashiro.
Fin de las comparaciones. La producción de Alexis Ayala y Rodolfo de Anda dirigida por Alejandro Gamboa, con personajes y plot creados por Daniel Muñoz Martínez, tiene el anclaje melodramático de rigor en la muerte de la novia del Pantera, tragedia de la que es víctima, pero que resulta culpable y tiene que redimirse trabajando para el capitán Ayala (tutelar y venerable Ignacio López Tarso). Mi imagen favorita: Pantera cayendo, ralentizado y semidesnudo, en el techo de uno de esos taxis Volkswagen setenteros que infestan México. Coda localista: bien Vanessa Terkes como Lola.