Por Antonio Orjeda
Se desempeñó 20 años en el rubro de transporte aéreo. Así se curtió en las diferencias que aún subsisten en el trato a la mujer que trabaja. Hoy lidera su propia empresa: una consultora que asesora a las pymes que pugnan por ingresar al mercado mundial. Hoy, además, preside la Organización Internacional de Mujeres en Negocios (OWIT, por sus siglas en inglés). Lilia Navarrete llegó al Perú para reconocer a la ministra de Comercio Exterior, Mercedes Aráoz, como Mujer del Año, título conferido por la filial local de OWIT.
Lilia, a la cabeza de este gremio, trabaja para contribuir a que sus congéneres ganen más y nuevos espacios. Juntas lo están logrando. Las consecuencias, día a día, las estamos viviendo tanto hombres como mujeres.
¿Por qué las mujeres quieren ser como los hombres?
Lo que las mujeres quieren es alcanzar las mismas oportunidades que los hombres. No quieren ser como ellos.
¿No estaba todo bien cuando ustedes se hacían cargo de la casa? ¿Por qué tenían que entrar al mercado laboral y alterarnos la vida?
(Se mata de risa)... ¿Por qué lo teníamos que arruinar todo, verdad? Nosotras podemos contribuir al crecimiento de las empresas, podemos aportar un modelo de dirección que posiblemente antes no existía: a través de un mejor contacto con los empleados, por ejemplo.
Desde que la mujer ha entrado en el mundo empresarial ha procurado llegar a los niveles donde se toman las decisiones, y lo ha hecho, a su vez, para a través de sus decisiones dar mayores oportunidades a las mujeres.
En ese proceso, sin embargo, la mujer ha creído que para crecer tenía que actuar como el hombre. A Margaret Thatcher le encantaba que la llamasen la Dama de Hierro.
Fue la manera que la mujer entonces creyó correcta. Para estar a la par con el hombre, la mujer tenía que hacer ciertas cosas, y por diferentes razones decidió hacerlas tal como él las hacía.
¿A qué razones se refiere?
Una de las razones es que no se conocía otra manera de hacerlo. ¿Otra? La mujer necesitaba que los hombres le abrieran las puertas; y ya con las puertas abiertas, las mujeres vimos de qué manera nos podíamos posicionar mejor.
Hoy ya tienen las puertas abiertas, hoy incluso hay presidentas, mujeres cabeza de transnacionales. ¿Cuál cree que es el aporte de ustedes a la empresa, a la sociedad?
La mujer le da otra dimensión al proceso del manejo de un país, de una empresa, de cualquier organización.
Sin embargo, aún es común que una mujer que ocupa el mismo cargo que un hombre en una empresa gane menos. ¿Por qué?
Es cierto, y aún no tenemos la respuesta. Si la supiéramos, ten la certeza de que ya habríamos cambiado eso. Pese a ello, estamos logrando algunas cosas, pues aspiramos a alcanzar un nivel que sea justo, que sea equitativo. No es fácil. Peor aún si tomamos en cuenta que en muchas culturas la mujer no está a la par que el hombre. Precisamente, a través de organizaciones como OWIT, nosotras, que somos mujeres líderes, les estamos abriendo las puertas a las mujeres que no han tenido las mismas ventajas, que no han tenido acceso a una mejor educación. Pero no solo eso: también procuramos educar al hombre.
Una de las tradiciones del hinduismo, precisamente, señala que a la muerte del marido la mujer también debe morir.
Así es, y cambiar esos usos va a tomar un poquito más de tiempo, ¿no? Tenemos que conseguir que a la mujer se la respete como individuo.
Desde hace tres años maneja su propia consultora. ¿Qué pasó? ¿Se cansó de ser una trabajadora dependiente?
Así es. Necesitaba tener una mayor flexibilidad de tiempo para así poder contribuir mejor. Tener una empresa me permite la facultad de pertenecer a una organización como OWIT, porque antes de presidirla fui vicepresidenta ejecutiva y antes fui parte del comité que diseñó nuestro sitio web. Por cierto, la empresa que lo hizo es una empresa del Perú: Microscience.
¿Está liderada por un hombre o por una mujer?
Por un hombre.
¡Ajá!
Por un hombre que sabe entender a las mujeres (ríe)... Fueron lindísimos, tuvieron la paciencia necesaria y reflejaron exactamente lo que queríamos mostrar a través de nuestro sitio en la web.
Tiene más de 20 años de carrera, ha tenido que vivir más de una escena de discriminación por su género.
Muchas veces simplemente no fui considerada cuando había promociones. Para las mujeres solo había promociones menores. Nunca para pertenecer a la mesa directiva, por ejemplo.
¿Cómo lo enfrentaba?
Trabajando duro, sobresaliendo y, muchas veces --como Margaret Thatcher--, actuando como un hombre. Trabajaba 12, 14 horas al día.
Estaba casada, tenía hijos. ¿Qué sentía? ¿Frustración?
Frustración quizás no. Siempre he sido una persona que ha querido lograr... ¡lograr lo que me proponía! Aunque sí me causó problemas: desbalance familiar. Tenía que pedir a terceros que recogieran a mis hijos de la escuela; y cuando yo los llevaba y los dejaba en el aula, tenía que regresar corriendo al coche (con los tacones y todo) para manejar 60 millas (más de 95 kilómetros) para llegar a mi trabajo. ¡Era un desgaste terrible!
Precisamente, algo que aún le critican a la mujer ejecutiva es que descuida a sus hijos. Todavía no se conoce, además, qué consecuencias traerá en los chicos el que ustedes permanezcan tanto tiempo fuera de casa.
Exacto. Pero una cosa es que la mujer trabaje y otra la influencia que puede ejercer la cultura de un país. Yo vivo en Estados Unidos, donde --como en muchos países-- existen videojuegos violentos, drogas... Allá hay muchas madres que no trabajan y que, pese a ello, no pueden estar tras cada paso que den sus hijos. Es imposible. No se puede culpar a la mujer que trabaja de descuidar a sus hijos. Más bien, se deberían ver las cosas positivas: una de las consecuencias de que trabajemos es que ahora el hombre participa más en la educación de los hijos. Antes esa era una tarea exclusiva de la mujer. Ahora los hijos disfrutan más de su papá.
¿Por qué existe OWIT?
Porque unas décadas atrás había mujeres que no podían superarse: porque no tenían los medios, porque no tenían la educación o porque simplemente no las dejaban. A la mujer se le decía: esto es lo que vas a hacer, y eso hacía. Todo cambió cuando comenzaron a comunicarse. Un grupo de mujeres que trabajaba en comercio exterior (en Los Ángeles) decidió, en la sala de una casa, dar forma a una asociación. ¡Tal como lo hacían los hombres! "Yo me quiero superar", "Yo quiero ascender". "Pero yo no sé lo que tú sabes ni tú lo que yo sé". "¿Qué tal si tú me enseñas y yo te enseño?". Primero fue un grupo de seis, siete mujeres.
¿Cuál ha sido la mayor consecuencia de esa reunión?
¡El que naciera OWIT! Ese grupo de mujeres se terminó enterando de que en otras ciudades otras mujeres también se habían unido con el mismo propósito y, en 1989, crearon OWIT.
Te cuento una anécdota: ese grupo de mujeres que trabajaba en comercio exterior en Los Ángeles quería pertenecer al Foreign Trade Association of Southern California (FTA). Era imposible que una mujer entrara a esa asociación. Nunca se había dado un solo caso. Bueno --y con esto lo digo todo--, los últimos tres años, la FTA ha sido presidida por una ex presidenta de OWIT.
¡Caramba!
Diecinueve años después, ¡tres ex presidentas de OWIT Los Ángeles han presidido la FTA!
Su evolución, sin embargo, le ha ocasionado un gran problema: los hombres le corren a las ejecutivas, no quieren compartir sus vidas con mujeres autosuficientes.
(Ríe)... Es cierto. Yo tengo maestría en Comercio Exterior y bachillerato en Administración de Empresas y en Economía, pero también tengo 32 años de casada. Aunque, claro, a veces mi esposo me dice: "Tú eres la única inteligente, ¿verdad?". Yo creo que hay que sonreír y seguir adelante.
¿Sabes lo que pasa? Cualquier cambio --no importa cuál sea el tema-- causa miedo, y hay que ver qué hacemos con ese miedo. En el caso del hombre, es cierto, ahora está enfrentando algo desconocido --la mujer ahora se educa, ahora es una profesional-- y el único problema es la novedad. Nada más. ¿Y cuál es la solución? Que el hombre y la mujer, juntos, vean cómo le hacen frente a ese miedo.
LA FICHA
Nombre: Lilia González de Navarrete.
Profesión: Administradora y economista con maestría en Comercio Exterior.
Nacionalidad: Mexicana nacionalizada estadounidense.
Estado civil: 32 años de casada, tiene dos hijos.
Cargo: Presidenta de OWIT International y propietaria y presidenta de LKN Global Enterprises, su empresa.