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"JUMPIN' JACK FLASH". Cuarenta años después

La revolución sónica de mayo de 1968

LA EXPLOSIVA CANCIÓN DE ROCK AND ROLL, QUE MARCÓ EL PRIMER RENACER MUSICAL DE LOS ROLLING STONES, SE CONVIRTIÓ EN LA BANDA SONORA DEFINITIVA DE LA VIOLENTA Y CONVULSA PRIMAVERA DE 1968

Por Francisco Melgar Wong

"La paz y el amor fueron solo un montón de tonterías", asegura Keith Richards, inmortal guitarrista de los Rolling Stones, al recordar la primavera boreal de 1968, cuando los estudiantes franceses incendiaban las calles del Barrio Latino, los jóvenes londinenses se lanzaban contra la embajada estadounidense, el Vietcong torturaba a cientos de civiles en la ciudad imperial de Hue y los propios Stones se sumergían voluntariamente en un oscuro mar de drogas, arrestos y traiciones para poder reinventarse a sí mismos como la banda más dura y resistente del planeta .

Después de un disco poco inspirado y una nefasta sucesión de arrestos por posesión de narcóticos, el grupo estaba obligado a renacer de sus propias cenizas, una difícil tarea que lograron llevar a cabo gracias a "Jumpin' Jack Flash", una explosiva canción que lanzaron sobre el mundo en pleno mayo de 1968.

LA CREACIÓN DE UN CLÁSICO
"Nací en un fuego cruzado de huracanes", canta Mick Jagger al comienzo del tema refiriéndose no solo a las revueltas políticas de esos días, sino también a la guerra emocional entre Keith Richards y Brian Jones, que peleaban por culpa de la modelo italiana Anita Pallenberg. Pocos meses más tarde, uno de los guitarristas estaría muerto y el otro perdido en el paraíso artificial de la heroína, pero como dice Jagger al final de la canción: "Fui puesto de rodillas, fui coronado con espinas, pero no importa, fue divertido, fue divertido...", y la música, como siempre, sobrevivió para contarlo.

La creación de "Jumpin' Jack Flash" empezó en el estudio que Keith Richards construyó en Redlands, su casa de campo a las afueras de Londres. Dejando de lado la parafernalia psicodélica que alimentó al fallido "Their Satanic Majesties Request", Richards buscó inspiración en viejos blues de los años 20 asimilando los acordes de guitarra al aire de Blind Blake y registrando los resultados de sus experimentos en un par de primitivas grabadoras Philips y Norelco.

"Puse el micro de la grabadora delante de mi guitarra acústica y luego enchufé la grabación a una pequeña conexión de altavoz para pasarlo a la cinta", confiesa el guitarrista. "Así se hicieron 'Street Fighting Man' y 'Jumpin' Jack Flash'. Añadiendo una pista sobre otra. Un piano al fondo. Quizás una cítara. La pieza va creciendo hasta crear una suerte de espacio espeluznante", agrega. Ciertamente, la música parece provenir de una oscura noche que nos sorprende con repentinos y continuos estallidos de electricidad. Aquellos que han escuchado el tema saben de qué está hablando Richards.

Mick Jagger complementó los 'espacios espeluznantes' del guitarrista escribiendo una de sus mejores letras, con un personaje que aúlla bajo la lluvia, que recibe latigazos en la espalda, que es ahogado y coronado con espinas, pero que nunca deja de pasarla bien o divertirse. Tomadas en conjunto, las imágenes parecen hablar de la vida de los Stones de esa época, perseguidos por la policía, colgados en drogas duras, peleados entre sí, pero entregados al placer con la convicción más radical que pudieron encontrar.

UNA HISTORIA VIOLENTA
Por supuesto, las imágenes de "Jumpin' Jack Flash", así como las de su contemporánea "Street Fighting Man", en la que Jagger habla de disturbios callejeros y revoluciones en el palacio de gobierno, no solo comentan la vida privada de los miembros de los Stones (y de todos nosotros), sino también el panorama político de finales de los años 60 y, en especial, el de las protestas estudiantiles que paralizaron Francia durante varias semanas y que este mes celebran un nuevo aniversario.

Cuando los revoltosos parisinos escucharon estas canciones, mientras preparaban sus bombas caseras escondidos en las barricadas del Barrio Latino, debieron haber pensado que la música de la piedras rodantes venía hacia ellos desde el cielo. O, más bien, desde lo más profundo del infierno. El resto es historia.

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