Por Pedro Canelo
José Soto se ha olvidado de que fue el capitán. Porque el barco, su barco, se hunde y ningún marinero se ha acercado para darle la mala noticia. Alianza Lima se acerca al fondo más profundo, y ese técnico, que un día llamaron capitán, no llevó botiquín para primeros auxilios. Comenzó a navegar sin brújula y la marea no baja. Agarró el timón sin mapa y su inexpresión corporal, al lado del banco de suplentes, es la señal más dolorosa que él ha sido el primero en ahogarse.
Si Alianza Lima es corazón, ayer al parecer dejó de latir. Necesita una terapia intensiva. No está blanco, está azul. Ayer, en su casa de La Victoria, perdió por cuarta vez consecutiva en el Apertura. Esta vez fue Alianza Atlético de Sullana, otro golpe al orgullo que lo ubica en el puesto 11 de la tabla. No es broma, pero si la mala racha no conoce fin antes del receso, los íntimos comenzarán a pelear por la baja con el benjamín Minero y con el quebrado Boys.
Alianza Lima necesitaba imponerse, estaba lleno de urgencias. Pero ayer, frente a su tocayo norteño, salió con un solo delantero, el 'Zorrito' Aguirre. Muy poco.
El apetito blanquiazul por salir de la crisis ya pelea con la impotencia de quien no conoce cuál es la vacuna para que el dolor se vaya. En todo el Apertura, Alianza Lima es el peor local con solo dos triunfos en nueve encuentros jugados en Matute.
Con una defensa en la que sus laterales no fueron salida ni protección, con una zaga nerviosa que dejó patear al quimboso Jaime Ruiz en el gol sullanense y un mediocampo sin oxígeno, en el que todos siempre aparecían marcados. Con un arquero que no evita los goles y, peor aun, ya ni siquiera los anota (Bologna falló un penal), con un solo delantero que no es '9' y con un Montaño que ayer se olvidó de afinar los chimpunes. Alianza duele, porque no tiene nada.
A los íntimos le quedan aún viajes a Arequipa, Chiclayo, Cusco y Huancayo. Les falta jugar ante Cristal y la 'U'. Y no tienen nada. José Soto fue un capitán bullicioso, pero ayer hizo mucho silencio. Quizá prefiera no decir nada, antes que gritar por un salvavidas.