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LA HISTORIA DE ANITA. ES UNA MADRE COMO TODAS Y COMO TODAS ELLAS TIENE UNA HISTORIA QUE CONTARNOS

Bendita eres entre todas las barredoras

¿Será que esta humilde mujer , escoba en mano, no piensa en sí misma cuando presta este honorable servicio público? Con decir que no se acordaba que este segundo domingo de mayo es el Día de la Madre, y que "ahora que usted me lo recuerda, me gustaría celebrarlo, pero no puedo porque tengo que venir a trabajar como todos los días".

Anita Córdova Torres, de 39 años, no piensa mucho en ella, sino en los demás. Bendita sea.

Y no es que le estemos regalando oraciones ni haciendo loas sensibleras, pero esta mujer merece al menos un agradecimiento. Obrera de la Municipalidad Provincial de Maynas, su tarea es ocuparse de dejar limpia la plaza Sargento Lores, de Iquitos, frente a la municipalidad, todas las tardes, sean domingos, feriados o Día de la Madre.

El alcalde no se puede quejar. Es una de las plazas más limpias y presentables de la ciudad, gracias a la escoba de Anita.

Tan es así que es uno de los lugares preferidos por los iquiteños para salir a pasear o sentarse a descansar. Siempre está llena de gente alegre. Los niños y jóvenes de las escuelas la prefieren para ir a ensayar sus coreografías. Los enamorados se acomodan bajo sus palmeras para jurarse amor. Tanta gente siempre, todo porque Anita Córdova mantiene limpia la plaza, ofreciendo confianza, pensando en los demás sin darse cuenta.

También piensa en el supervisor, que le puede llamar la atención porque le estamos tomando fotos mientras trabaja al lado de sus hijos. "Es que ya nos han dicho que no los llevemos, porque algunos se han accidentado en las calles o porque la gente puede pensar que la municipalidad hace trabajar a los niños. Pero mis hijos no están trabajando ni están en la pista. Vienen conmigo a jugar en el parque y de vez en cuando me ayudan a recoger las hojas. Solo eso, no están trabajando, señor, por favor".

Es el temor a perderlo todo. Con los 560 soles que gana mensualmente desde hace un año logró la proeza de no tener deudas por agua, luz, ni con la tienda de la esquina, en su barrio de la cuadra 11 de la calle Soledad. Gana más que su marido, quien trabaja vendiendo golosinas y en lo que puede.

Tampoco debe nada en el Mariscal Óscar R. Benavides, colegio de Luis Gustavo, de 17 años; Ricardo, de 13 años; Kevin, de 9 años; y pronto de Adrián, de 5 años, y, aunque les faltan algunos cuadernos, lo único que le reclaman los profesores es que tiene que comprarles los uniformes de educación física o no entrarán al curso. Como siempre Anita sabrá qué hacer.

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