Por Carlos Novoa
El nuevo acto de esta suerte de drama que vive Bolivia no dejó ninguna sorpresa y, por el contrario, el desenlace se produjo dentro de los términos esperados: Santa Cruz le lanzó una sonora bofetada de rechazo al presidente Evo Morales Ayma.
Lo que está en discusión en Bolivia ya no es solo la lucha entre dos modelos: el centralista de corte socialista con fuerte énfasis en la reivindicación indígena propuesto por Evo Morales, versus el modelo de libre mercado y producción que ha hecho del oriental Santa Cruz el departamento más rico de este país andino.
Más allá de estas consideraciones coyunturales, el referéndum del domingo en Santa Cruz fue un capítulo más de esta lucha de poderes entre el presidente y sus opositores cruceños, que en un 85% se pronunciaron a favor de la autonomía de su departamento porque acusan al centralismo de La Paz de no incorporar a los sectores del próspero oriente boliviano en el proyecto de desarrollo propuesto por el Gobierno.
Los resultados de la consulta sirven para la estadística, pero no cuentan para un análisis determinante sobre cuál será el futuro a corto plazo de la convulsionada Bolivia. Todavía hay mucha tela política por cortar y analizar.
Lo que sí deja en claro el final de la reciente consulta popular es un complejo panorama que, al menos de momento, aleja cualquier atisbo o insinuación de acuerdo entre las partes en conflicto.
Así, quedan pendientes asuntos trascendentales: Por ahora se aleja la posibilidad de celebrar un referéndum nacional para adoptar la nueva Constitución y, por el contrario, se vislumbra la posibilidad de que otros departamentos del eje oriental, como Beni, Pando y Tarija (donde se concentran las enormes reservas de gas) promuevan consultas populares en busca de la autonomía.
En otras palabras, la posibilidad de incrementar la atomización es mayor a un eventual consenso político.
Evo Morales llegó al poder el año 2005 con la promesa de cambios en favor de los menos favorecidos. De hecho que se sabía que su propuesta política iba a causar escozor entre los orientales, sobre todo los cruceños. Sin embargo, Morales no ha logrado su cometido y, por el contrario, sus políticas han servido para profundizar las heridas históricas propias de una sociedad altamente dividida como la boliviana. El camino del diálogo y la concertación nunca debe ser soslayado por más diferencias que se tengan. Es algo que el Gobierno Boliviano debe considerar.
El proyecto de Morales, más que una reivindicación indígena, obedece a una propuesta política enmarcada en la misma línea del socialismo de Hugo Chávez en Venezuela o de Rafael Correa en Ecuador. No se explica de otra manera cómo el presidente boliviano decreta la nacionalización de empresas privadas en una época en la que los países en crecimiento voltean la mirada y, más bien, buscan los capitales extranjeros. Y aquí no hablamos de ideologías, basta con ver el ejemplo de la China comunista solo en el papel, que crece a un ritmo sostenido de 11% anual, producto de su economía de libre mercado.