¿Hasta qué punto --piensan algunos adultos-- se debe 'contaminar' la mente infantil con información que pueda dañar su inocencia y causarles perjuicio?
La experiencia demuestra que el problema radica en los adultos y su propia dificultad de abordar adecuadamente temas espinosos. Debemos admitir que se pone en los niños la incapacidad de entender, cuando la realidad habla de temores y dudas que los adultos no han resuelto.
Cuando en casa hay algún problema, los niños lo perciben. Y cuando no reciben explicaciones adecuadas, ellos mismos se las dan. Complica más dar explicaciones superficiales o confusas que no coinciden con la realidad de los hechos. Los padres dejamos de ser sujetos de confianza y en el futuro no seremos consultados en ningún tópico importante. Por lo general, cuando un padre o una madre habla con claridad y cariño con sus hijos sobre cualquier tema, lo que van a encontrar es que escuchan con atención y alivio porque están recibiendo información de las personas de mayor confianza. Más allá de nuestra respuesta, lo que reciben es nuestro respeto y consideración a sus inquietudes.