La oca Carlota estaba realmente ofuscada porque la granjera siempre hurtaba sus huevos a fin de dárselos a una gallina para que los empollara. ¡Habrase visto! Una gallina recibiendo el alumbramiento de unos patitos. Esa situación tenía que parar y fue entonces cuando Carlota decidió buscar escondrijos para poner sus huevos hasta juntar los suficientes que merecieran ser empollados. Pero, pobre de ella, siempre se los encontraban.
Con una determinación a prueba de balas decidió remontar los linderos de la granja y satisfacer su instinto maternal. Encontró entonces una pendiente para tomar viada y levantar vuelo. Ya por encima de los árboles logró divisar un claro donde aterrizó justo a los pies de un elegante caballero que leía el periódico. Sentado sobre su larga y lustrosa cola, con unos largos bigotes en un alargado hocico, entabló conversación con la incauta y con finas y estudiadas maneras logró conquistar su confianza. Le ofreció su casa para que empollara, además de un enorme lecho de plumas (del que Carlota no desconfió) y esperó con paciencia la puesta de los huevos para el atracón final.
Beatrix Potter (Inglaterra, 1866) es considerada una autora clásica de la literatura infantil y sus cuentos, que ella misma ilustraba, han sido disfrutados por niños de quince lenguas distintas alrededor del mundo.
Sus historias guardan el espíritu del cuento antiguo, cierta musicalidad y tensión literaria diferente a las narraciones contemporáneas (más parecidas a los de Arnold Lobel), pero no por eso dejarán de captar la atención de los pequeños lectores que podrán disfrutar de la sensación que ofrece la adrenalina corriendo por sus jóvenes venas.
La edición merece una mención aparte, ya que al respetarse el formato y la diagramación originales, el lector tiene la sensación de estar manipulando una pequeña reliquia de cien años de antigüedad.