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El emblemático líder repasa la experiencia polaca a cuatro años de su ingreso a la Unión Europea y comenta acerca de la cumbre ALC-UE que se celebra en Lima esta semana

"No podemos dejar de lado a Latinoamérica"

Entrevista LECH WALESA

Por Erik Struyf Palacios Enviado especial

VARSOVIA. Líder emblemático del sindicato Solidaridad (que derrotó al régimen comunista en Polonia hace casi dos décadas), premio Nobel de la Paz en 1983 y presidente de su país entre 1990 y 1995, Lech Walesa está hoy oficialmente retirado de la vida política. El cariño y prestigio del que goza en Polonia y el resto del mundo, sin embargo, le siguen autorizando a opinar sobre temas de actualidad.

Usted abrió el camino hacia la apertura y la renovación en su país, lo que finalmente conduciría a la adhesión a la Unión Europea (UE). ¿Cómo ve usted Polonia al cumplirse cuatro años de su ingreso al bloque europeo? ¿Cuáles son los principales logros obtenidos?
El mayor logro de Polonia es ya el solo hecho de pertenecer a la Unión Europea. Y también la mayor oportunidad. Pero no solo para nosotros, que quede claro. Cuando me preguntan sobre los próximos objetivos para Polonia y las prioridades de nuestro gobierno respondo: ¡Unión Europea, Unión Europea, Unión Europea! Evidentemente los últimos cuatro años, a partir de nuestro ingreso al bloque, significan un paso importante hacia adelante, tanto desde el punto de la civilización como del desarrollo y de las inversiones. Y ahí radica en gran parte el mayor mérito de la Unión Europea. Sin embargo, esto no quiere decir que todo es ideal, que estamos aprovechando al máximo esta oportunidad. No significa tampoco que la Unión Europea aprovecha al máximo la oportunidad que constituye la presencia de Polonia y de sus otros nuevos estados miembros. Todos los países de la UE tienen que comprender que la membresía a este bloque integracionista no trae solo beneficios para los nuevos miembros. ¡No! Las adhesiones son de interés para todos desde el punto de vista económico.

¿Cuáles son los desafíos pendientes?
Polonia con su bagaje de experiencias históricas difíciles, a veces dolorosas, tiene el derecho, pero también el deber, de reivindicar lo que frecuentemente se descuida en la Unión Europea. Me refiero a la existencia del segundo pulmón de Europa. Este pulmón, referido a los valores espirituales, por desgracia no funciona bien. Los hombres políticos en lugar de apelar a los valores comunes, a los fundamentos que al fin y al cabo sentaron las bases de la idea de una Europa unida, los descuidan o renuncian a ellos. Sin valores espirituales el futuro de Europa está puesto en duda. Me he propuesto recordarlo en cada lugar que visite y en cada momento.

¿Cómo vivió el tiempo en que los gemelos Kaczynski (presidente y primer ministro durante el 2006 y 2007) dirigían el país alejándolo del camino de la integración europea y de los valores democráticos y humanistas que reinan en Europa?
No me gusta ocuparme de la historia. Prefiero el día de hoy y de mañana. Teníamos una joven democracia que pasó por una lección de populismo y demagogia. Fuimos capaces de enfrentarlos más rápido y mejor que muchos países europeos con una consolidada democracia. Había en aquel momento mucha irritación, pero en ningún momento la democracia estuvo en peligro. Tan fuerte es el anclaje de las estructuras democráticas dentro de la misma Polonia y en la integración europea que nada verdaderamente grave pudo habernos sucedido. Y esto constituye también nuestro éxito. Quizás el más grande en este camino europeo.

¿A las vísperas de la cumbre de Lima, considera realista y relevante estrechar los lazos entre la UE y América Latina?
La pregunta pertinente no es si debemos o no estrechar lazos con América Latina. La pregunta es cómo hacerlo. Esta colaboración entre dos continentes la hace necesaria la lógica del tiempo, la lógica de la era global. No podemos permitirnos dejar a nadie de lado. Es imperioso apuntar al equilibrio a escala planetaria. Sabemos hace tiempo que las revoluciones y protestas sociales empiezan por la falta de pan, trabajo, por la pobreza. No podemos aceptar el hecho de que hoy en día el 10% de la humanidad posee el 90% de las riquezas del mundo entero. Esas no son proporciones aceptables. Sobre estas bases no construiremos el mundo global con bienestar y paz social. Es el tiempo de planteárnoslo, antes que sea demasiado tarde.

Usted está oficialmente retirado del mundo de la política; sin embargo, no parece a punto de jubilarse. ¿Cuáles son las metas que se ha trazado para los años que vienen?
Lograr más de lo que he logrado. Mi generación puso en marcha una nueva época, merced a los cambios políticos que ayudamos a introducir en el continente europeo. Pero en la actualidad queda pendiente la tarea de administrar esta nueva época. Debemos poner nuestra experiencia al servicio de las generaciones más jóvenes que alzan vuelo de una pista de despegue totalmente diferente. Así que de ninguna manera se me pasa por la mente pasar a la merecida jubilación. Prefiero intentar merecer otro Premio Nobel.

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