Por Miguel Vivanco. Corresponsal
WASHINGTON. El triunfo de la senadora demócrata Hillary Clinton en las primarias del estado de Virginia Occidental no sorprendió a nadie. Las encuestas anticipaban una victoria fácil, al punto de que los primeros resultados le atribuyeron el 63% de los votos, mientras que su rival Barack Obama solo alcanzaba el 30%.
Según las proyecciones, Clinton ganó al menos 15 de los 28 delegados en juego, mientras que los 13 restantes están aún por decidirse. Pero haber ocupado el primer lugar no le alcanzó para empatar con Obama.
El senador afroamericano tiene asegurados 1.875 delegados contra los 1.712 de Clinton. Para ganar la nominación del Partido Demócrata se necesitan 2.025.
Los resultados en Virginia Occidental, al margen de los discursos triunfalistas, no hacen más que mantener las expectativas en lo que sucederá durante la convención nacional del partido, a realizarse en Denver (Colorado) a fines de agosto. En dicha reunión, los denominados superdelegados podrían inclinar la balanza a favor de uno de los contendientes.
El triunfo de Clinton se dio en un estado conservador con mayoría blanca, en donde casi una cuarta parte de los electores tiene al menos 60 años de edad y apenas concluyó la educación secundaria. Más de la mitad vive en familias con ingresos de hasta 50.000 dólares al año.
Y es que a pesar de los festejos ruidosos, la senadora por Nueva York nunca pudo ocultar su preocupación por tener menos delegados que Obama y por carecer de los recursos económicos suficientes para financiar su campaña.
Anoche, Hillary Clinton aseguró otra vez que no abandonaría la campaña por la nominación presidencial, pero en Washington muchos analistas insistían que su renuncia era casi inminente.
Quizás el hecho más llamativo fue que en los últimos siete días el senador por Illinois logró el apoyo de 26 superdelegados, algo que no se encontraba en los cálculos de Clinton.
Muchos piensan que si el próximo 20 de mayo Barack Obama gana en las primarias de Kentucky y Oregón, los sueños presidenciales de la ex primera dama habrán terminado irremediablemente. Incluso algunos estrategas políticos entrevistados por las cadenas televisivas estadounidenses ya hablan de "Hillary 2012".
Mientras tanto, el candidato presidencial del Partido Republicano, John McCain, mantuvo el ritmo acelerado de su campaña con miras a las elecciones presidenciales de noviembre.