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Hora de que el fujimorismo separe la paja del trigo

Por: Juan Paredes Castro |

Lo que el fujimorismo ha ganado políticamente hasta hoy podría perderlo estrepitosamente por no saber manejar las tres cuerdas claves de su sobrevivencia.

Hay una cuerda que jala, de arriba abajo, a la bancada parlamentaria, cuya elección obedece, entre otras cosas, a la sintonía de sus votantes con dos de las herencias del 90 al 2000: la puesta en orden de la macroeconomía y la pacificación del país. Herencias lamentablemente enturbiadas por las peores catástrofes de esa década: el autoritarismo que buscaba perennizarse, la corrupción de mayor criminalidad que hayamos conocido y las violaciones a los derechos humanos.

La otra cuerda jala también a la misma bancada parlamentaria, pero en dirección, junto con las agrupaciones y alianzas del fujimorismo, de su imprevisible proyecto electoral del 2011, que deberíamos suponer comprometido con el desarrollo y la modernidad futuros del país y con un deslinde vital respecto de los delitos mafiosos de Vladimiro Montesinos, cometidos a la sombra del poder consentido y usufructuado. Deslinde que extrañamente no se ha hecho y que representa una deuda onerosa del fujimorismo con los peruanos.

Las grandes preguntas sobre la tercera cuerda bastan y sobran: ¿El fujimorismo puede darse el lujo de atrofiar sus responsabilidades parlamentarias y su futuro político por una judicialización de su líder que debería estar en las enteras manos de su defensa legal, que a propósito no necesita de ayuditas políticas? ¿El regateo mezquino de votos de esta bancada a la reforma constitucional no es acaso una negación obstinada de lo que la propia alternativa electoral fujimorista desea para el Perú?

¿Por qué el fujimorismo tendría que impedir cambios y ajustes en una Constitución cuya paternidad reclama? ¿No es que lo asalta la anormalidad horrorosa de frenar el crecimiento y enriquecimiento de lo que consideran su propia criatura?

El fujimorismo tiene que liberarse cuanto antes de esta peligrosa antipaternidad, si es que en verdad quiere volver a ser una alternativa de gobierno, por supuesto democrática y alejada del antisistema que parece arremolinarse, como ave de mal agüero, sobre su cabeza.

En relación con esto último y a contracorriente de lo que pasó del 90 al 2000, el fujimorismo tendrá que preocuparse, de cara al 2011, por representar una propuesta democrática y de total respeto al Estado de derecho y a los derechos humanos.

De otro modo su presencia política será siempre una caricatura sectaria y reducida de la alternativa realmente democrática que debería ser dentro del sistema político peruano.

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