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La ciudad enrejada

Rincón del autor. Las famosas encuestas deberían interrogar sobre la importancia de estos eventos. El Perú no está acostumbrado a pasar de la farándula a las cumbres

Por Abelardo Sánchez León

El imperio incaico se caracterizó por su gran talento administrativo. Esa enormidad de territorio estuvo casi siempre en orden. Igual sucedió con la Colonia y durante tres siglos fuimos la capital del Virreinato. ¡Todo un gran pasado burocrático, plagado de funcionarios, con un poder centralizado! Pero por gusto, porque desde 1821 ingresamos al gobierno de los peruanos criollos, ni indios ni españoles, ni chicha ni limonada, preocupados por convertirse en caudillos, y toda la herencia de administradores se convirtió en caos, en un sálvese quien pueda.

El alcalde de Magdalena del Mar, por ejemplo, debe estar asado, porque todas las callecitas del distrito se vienen abajo y la única que funcionaba, hasta hace poco, la avenida Tacna, la han bombardeado las empresas de teléfonos, las de agua y desagüe, porque de lo lisa que andaba ahora le hace compañía a las calles adyacentes. Pero el alcalde no podía quedarse atrás y si los alcaldes de San Isidro y Miraflores están que levantan cemento como locos, Mr. Allison se ha plegado al programa APEC y cerca del nosocomio Larco Herrera, entre las cuadras uno y ocho, ha hecho de las suyas. Por si acaso, dirá, quizá haya algún desvío entre los delegados de la ALC-UE, esa sigla tan complicada, con los participantes del APEC y acaben internados como Martín Adán, rumbo a la calle Berlín, que la han levantado por gusto. ¿En qué Berlín estaría pensando Masías?

La fiesta de las cumbres ha terminado siendo una reunión privada, enrejada, claustrofóbica, lejos del pueblo, incluso de la clase media, porque la clase media se queja del ruido de las combas y el pueblo de lo lejos que se encuentra de los arreglos. Los mandatarios se mirarán las caras entre sí, dándonos la espalda, hablando entre dientes, susurrando, porque ni televisión va a haber, invitando a las cumbres paralelas para sentir el palpitar del pueblo, ese corazón que anda tan abandonado como el corazón aliancista.

Las famosas encuestas deberían interrogar sobre la importancia de estos eventos. Quizá Tula lo sepa. Quizá Tula sea nuestra cumbre anhelada. El Perú no está acostumbrado a pasar de la farándula a las cumbres, de la prensa chicha a la sección internacional. Nosotros somos hinchas del 'Puma', nos vacila el loco Barraza y escuchamos a Dina Páucar. Pero de allí a saltar a los temas de las cumbres, se requiere de una pirueta mental.

Qué pena que las delegaciones extranjeras no transiten por la Costa Verde. La habrían arreglado toditita, estaría sin baches e iluminada. Hubiera sido un gran camino entre el acantilado y el mar, por aquel Perú profundo, y no hubiera incomodado tanto a los ciudadanos; en cambio, prefirieron enrejar la ciudad, aislando a la política cada vez más.

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