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EDITORIAL

Otra vez Europa nos encuentra desunidos

Es lamentable que, en una coyuntura tan trascendental como la de la V Cumbre ALC-UE, los países de la región latinoamericana no puedan presentar una postura sólida y unificada sobre temas tan cruciales como la integración comercial y la reducción de la pobreza.

Al respecto, es importante la declaración de la comisaria europea de Relaciones Exteriores, Benita Ferrero, quien ha ratificado la decisión de la UE de insistir, por lo menos hasta setiembre del 2009, en negociar un acuerdo comercial en bloque. Sin embargo, ha dicho que si eso no fuera posible "se estudiará el pedido de Colombia y Perú para suscribir el tratado por separado".

¿Por qué esperar tanto? Si bien saludamos que se abra una ventana a la comprensión de una realidad innegable, debemos dejar constancia de nuestra justificable impaciencia porque sabemos que esa situación difícilmente cambiará.

Efectivamente, la integración andina es hoy, más que nunca, una falacia, sobre todo por la cuña confrontacional y divisionista que en los últimos años ha clavado en su seno el presidente venezolano Hugo Chávez. Este, llevado caprichosamente por su proyecto hegemónico y personalista, propugna ideologías socialistas trasnochadas que incentivan el estatismo y rechazan frontalmente los principios de la economía de mercado. Es más, como ha demostrado la historia antigua y reciente, los regímenes populistas y estatistas son los que generan más desorden, pobreza y corrupción, y llevan inevitablemente al fracaso.

A pesar de todo ello, es conocido que Ecuador y Bolivia, entre otros, apoyan las ideas del presidente venezolano, lo que impide presentar una imagen unificada a los países de la región andina.

En tal contexto, resulta absurdo y contradictorio que pueda pensarse en una negociación en bloque, cuando son evidentes las disparidades ideológicas y los derroteros políticos de los países andinos.

Tal es la realidad que debe entender la Unión Europea para no seguir postergando una negociación ideal, pero desgraciadamente inviable en la coyuntura actual. El Perú y Colombia, que han abrazado con gran esfuerzo la economía social de mercado, deben merecer una negociación bilateral, que finalmente beneficiará a europeos, colombianos y peruanos en todo sentido.

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