Por Evelyn Núñez
La Casa de Ejercicios Espirituales, ubicada en la primera cuadra de la Av. Abancay, es una obra opacada por el desorden. Sin embargo, posee un contenido artístico que se aprecia en su estilo neoclásico, en su capilla de una sola nave y hasta en los azulejos de sus paredes. Sus propietarios son los franciscanos de la tercera orden seglar o los laicos de la congregación. Bajo ese techo de viga y entablado se reúnen para hacer retiros, catequesis y misas. El mal estado de conservación de la edificación no los amilana.
Esta casa formó parte del conjunto arquitectónico de San Francisco, al igual que las iglesias El Milagro, La Soledad y otros claustros de gran monumentalidad. Pero igual que hoy, la palabra 'progreso' significó la ampliación de ciertas calles y algunos inmuebles tuvieron que ser sacrificados. El conjunto de San Francisco no fue la excepción. En 1953, la avenida Abancay separó la casa del convento y esta quedó a un costado. Solo los mismos franciscanos y ciertas donaciones trataron de mantenerla en pie, pero por los años que lleva encima ya es difícil sacarla adelante.
Quizás resulta contradictorio su grado de deterioro frente a su importancia. La casa fue declarada monumento por el Ministerio de Educación en 1972 y es "un hito en la arquitectura peruana e hispanoamericana". Así lo señaló el arquitecto Víctor Pimentel, autor del Proyecto Integral de Conservación, Restauración y Adecuación a Usos Múltiples de la casa, que data del año 1987. En ese plan consta la historia, el registro de bienes, la evaluación de las estructuras, de las piezas artísticas y la propuesta de intervención. Sin embargo, una mala decisión de los ejecutores hizo que emplearan materiales inadecuados y alteraran parte de la casa.
Pasaron los años y ahora la casa se encuentra en la World Monuments Fund, como uno de los 100 monumentos en peligro. Según Hugo Plácido, miembro del Consejo de la Orden, ello significa estar en una vitrina para que las entidades y los gobiernos de otros países se interesen en invertir en la restauración, pero todavía no se anima ninguno.
Para colmo, el pasado domingo 4, los franciscanos se percataron de un robo sucesivo. Ochenta lienzos virreinales fueron sustraídos de dos ambientes distintos. Uno se ubica en el Patio de la Penitenciaría, por cuya teatina o especie de ventana los ladrones habían sacado los cuadros; el otro ambiente está detrás de la capilla. Según el inventario, los ladrones se llevaron el lienzo de la Virgen Inmaculada, así como obras del siglo XVIII, de la serie "La vida de Cristo", del mexicano Miguel Cabrera. La denuncia fue hecha el mismo día en la comisaría, así que esperamos que el INC, Aduanas, la cancillería y el Arzobispado de Lima hayan actuado de inmediato para que esas piezas todavía estén dentro del país.
Este robo deja en claro que si bien la casa necesita ser restaurada, también es imprescindible la seguridad. El carro-bomba de 1997, puesto en el Batallón de Asalto de la PNP, justo al otro lado de la Av. Abancay, hizo que varias celdas del claustro se derrumbaran, lo que dejó vulnerable parte de la edificación.
Solo queda esperar que las entidades nacionales y extranjeras se interesen en rescatar este monumento. Que no se pierda la historia que encierran sus paredes de adobe y quincha. "La empresa privada debe contribuir a la conservación digna del patrimonio. Esta casa es importante para la arquitectura peruana, porque formó parte de un gran complejo en el siglo XVIII", dice el arquitecto Pimentel. Que empiecen los postores.
BUENO SABERLO