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ES HORA DE LA UNIFICACIÓN DEL SECTOR SALUD

Una sola cura para la crisis

Por ErnestoVelit Granda. Analista político

Una reciente encuesta sobre algunos aspectos de la realidad sanitaria del país, publicada en un diario de la capital (Perú.21, 24/4/08) y realizada por la Universidad de Lima, muestra que la crisis en el sector salud continúa, que poco o casi nada se ha hecho por superarla, y que los indicadores actuales nos sitúan en los últimos puestos en América Latina en lo que se refiere a la defensa de la salud de la población.

Ya en anteriores oportunidades, señalábamos, entre otras características del abandono, el deprimente estado de los hospitales del país. La encuesta señala, en las respuestas obtenidas, que la atención médica, la situación de los servicios hospitalarios, la calidad de la atención, etc. califican mayoritariamente entre regular y mala; y por si fuera poco considera entre los principales problemas de salud en el país a la corrupción, a la falta de apoyo del Estado, al encarecimiento de los medicamentos, y otros.

Es fácil deducir, de las encuestas y de las experiencias cotidianas, que Salud, hoy como antes, sigue siendo un sector no atendido por el Estado, no considerado por los grupos políticos representados en el Congreso, no enfrentado en su realidad por los obligados a hacerlo, profesión médica incluida.

La anarquía en el uso de los recursos, consecuencia de la existencia de múltiples instituciones en el sector Salud que cumplen la misma función, la injusta distribución de médicos en el país, la vocación centralista en el diseño de las políticas, la nula participación de los gobiernos regionales, etc. nos anuncia que con esta crisis tenemos para rato.

En varias oportunidades, recogiendo investigaciones al respecto, planteamos la urgencia de unir Essalud, Ministerio de Salud, Sanidad de las FF.AA., servicios médicos municipales, beneficencias, programas de la Iglesia, etc. en un solo ente llamado Servicio Nacional Único de Salud, en el que se compartirían recursos materiales y humanos, se distribuirían las responsabilidades de atención médica, prevención y rectoría, y se aseguraría la cobertura universal sin excepción a todo el país.

Evidentemente un paso de esta naturaleza supone, imprescindible, la voluntad política de hacerlo. La pobreza crea escenarios de nuevas patologías y nuevos perfiles epidemiológicos, como producto de la desatención y la marginalidad en progreso. Las obligaciones del Gobierno son heterogéneas y ello aumenta el desorden.

No hay posibilidad de reformas democráticas en Salud, si no se crea el Servicio Nacional Único e Integrado.

El Ministerio de Salud carece de planteamientos, no existe un ente rector y normativo, no hay ley general de medicamentos, los hospitales son verdaderos depósitos de enfermos, la crisis del sector ha tocado fondo.

Algunas medidas aisladas del Gobierno anterior contribuyeron a aumentar el desorden. Ante esta anarquía cualquier aumento presupuestal servirá de poco, si no se plantean nuevas estrategias. En este desafío las instituciones médicas, gremiales y científicas, tienen una obligación que no pueden seguir ignorando.

Defender la democracia pasa por no permitir la existencia de sectores marginales en la población, por terminar con el escepticismo de la gente ante las agendas políticas, por estimular el diálogo y dejar paso a los elementos técnicos antes que a los políticos.

Es preciso promover una suerte de cruzada nacional, para disminuir esos coeficientes de enfermedad y muerte que colocan al Perú en una posición vergonzosa y humillante.

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