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El protector de la papa

ALTERNATIVAS. Don Julio Hancco es una eminencia en el cultivo de la papa nativa. A su comunidad, en el Cusco, llegan investigadores de todo el mundo para estudiar sus técnicas ancestrales. Esta semana él las explicó en Lima, como un mensaje para los líderes de la Cumbre ALC-UE

Por David Hidalgo Vega

La sabiduría tiene las manos curtidas y el rostro amable. Se nota que ha encarnado en un hombre de tierra, forjado en el frío, criado entre santuarios antiguos. Julio Hancco, un hombre del Cusco, compila semejante esencia en sus palmas de 56 años, en palabras heredadas durante varias generaciones. Es el custodio del conocimiento de la papa en su comunidad de Pampacorral, valle de Lares, provincia de Calca. Sus tierras son bóvedas naturales para 184 variedades de ese tubérculo, que ha rescatado con las técnicas que aprendió de sus ancestros. En tiempos de crisis alimentaria, el suyo es un sacerdocio de la tradición.

Don Julio sitúa este camino en el inicio de su memoria. "Mi padre me dejó de herencia muchas de estas variedades que tienen historia, representan a mi familia", comenta. Creció en los cultivos y sobre los cultivos ha honrado su legado: recibió 82 tipos de papa nativa y ahora, gracias a su esfuerzo y curiosidad, ha doblado sus reservas, que son en realidad un tesoro para la humanidad. "Estas variedades tienen aroma, colores, características especiales. Por eso he querido trabajar para conservarlas", dice el hombre. El esfuerzo no ha pasado inadvertido: ya en una feria de agrodiversidad de 1986 recibió un premio de 250 soles que lo animó a buscar variedades en peligro de extinción. Algunas solo existen en sus chacras.

Sus tierras están ubicadas entre los 3.800 y 4.000 metros sobre el nivel del mar. Es un terreno extenso, formado por parcelas legadas por varias ramas de sus antepasados. Don Julio, como su pueblo, las considera protegidas por los nevados Sawasiray y Pitusiray. "Sawasiray es el guardián de las papas", explica. El principal regalo de esos apus es agradecido con ofrendas en lugares sagrados donde no camina gente, pero también con sentido técnico: en su caso, él cultiva de cuatro a cinco hectáreas cada año y rota la siembra de tal modo que solo hace producir una parcela cada ocho años. La tierra necesita descansar.

TESOROS TUBEROSOS
Sobre una mesa de exhibición ha sido desplegada una colección de papas que parecen frutos de territorios desconocidos. Está la papa puma maki, que debe su nombre a su insólita forma de garra de puma. También tiene la kachun waccachi, que significa "la que hace llorar a la novia", una papa que en el uso tradicional servía para que los padres evaluaran las condiciones domésticas de las novias antes de admitirlas para el futuro heredero: debían pelar sus protuberancias a velocidad, sin quitarles los ojos. Hay ejemplares tan minúsculos que parecen semillas y otros de siluetas tan intrincadas que un incauto las tomaría como variedades mutantes de especies más familiares. Todas provienen de Kankaupata, como se conoce al lugar de las tierras de Julio Hancco.

Un agrónomo que conoce la zona dice que, de lejos, parece una pendiente árida, pero que al llegar arriba se divisa una especie de meseta de cultivos divididos por cercas de piedra. "Uso parcelas diferentes porque las papas no se pueden mezclar", explica don Julio. "Las papas dulces van para un lado, las que son para sopa van en otro lado y así". A la hora de la cosecha, las veinticinco personas que trabajan en sus tierras tienen el encargo de ubicar las papas más grandes, las más hermosas, para hacer el amuleto de rigor: los ejemplares son envueltos en un atado, con vino o chicha, que será guardado en un lugar seguro, como cábala para que lo cosechado dure hasta la siguiente temporada.

De todas sus variedades, don Julio prefiere apenas cinco. Son las que guarda para el consumo de su familia, para celebrar cumpleaños, matrimonios, diversas ocasiones especiales. En ninguna otra parte puede saborearse esos ejemplares de color rojo, negro o azul, si no es en sus dominios. Entre esos manjares predilectos está una papa alargada, de cáscara colorada, que tiene un valor especial para el clan. Según la historia familiar, años atrás un sobrino de don Julio --un muchacho tan bueno que le decían wawasunqu ("el que tiene corazón de niño")-- murió a muy temprana edad; la desgracia motivó un homenaje que en esos territorios fértiles parecía evidente: una de sus mejores variedades fue bautizada con su nombre, la papa Ambrosio.

Don Julio puede tomarse esas licencias porque son fruto de sus rescates. Durante mucho tiempo se entregó al trabajo de buscar variedades diferentes, con un rigor que nadie más se autoimponía. Cerca del ingreso a sus bodegas hay un letrero que anuncia el fruto: "Semillero de papas nativas". Ahora las ofrece a quien quiera adquirirlas. Hasta allí llegan agricultores de diversos pueblos, cercanos o lejanos, interesados en una buena simiente. Incluso ha recibido a productores de Bolivia o Ecuador. Su nombre figura en los registros de la FAO como Patrimonio Agrícola Mundial Vivo, uno de esos hombres necesarios en un mundo que cada vez necesita más alimentos.

El caso es tan especial que el ambiente académico no ha dejado de interesarse en sus logros. Hace quince días apareció por sus tierras una autoridad de la Universidad Agraria. Y es frecuente que lo visiten técnicos e investigadores de diversos países, desde Japón a Estados Unidos, para conocer sus técnicas y las variedades que ha logrado mantener. "Hay papas que pueden producir en dos meses y medio y otras que toman hasta siete u ocho meses. Solo él las conoce. Algunos estudiosos no comprenden cómo ha logrado cultivar 184 variedades", comenta Moisés Quispe, director ejecutivo de la Asociación Nacional de Productores Ecológicos del Perú (ANPE), una organización que asesora a don Julio en un programa para llevar sus papas al mercado nacional. El sentido ecológico es otro de sus valores agregados.

Es parte de un legado que por suerte ya tiene continuidad. En esta visita a Lima, don Julio vino acompañado por Alberto, el único hijo que le sigue los pasos. "He visto que mi padre en muchas ocasiones ha sido un ganador y quiero continuar su camino", dice el muchacho. Criado en los cultivos, como su padre, es en los cultivos que honrará su legado. Acaso logre doblar las riquezas que la tradición le pone en las manos. Quizá solo deba mantenerlas. Como fuera, el mundo ya tiene con ellos tremenda deuda.

Un espacio para las papas nativas
El foro Desarrollo de Mercados Alternativos --realizado el martes último en un hotel de Miraflores-- fue un encuentro de especialistas en agricultura ecológica con miras a los temas que se discutirán en la Cumbre ALC-UE.

Ayer el foro emitió sus conclusiones en el sentido de que "las metas del milenio consideran la seguridad y la soberanía alimentaria y la conservación de los ecosistemas dentro de las prioridades políticas para el desarrollo humano, las cuales están quedando rezagadas en el proceso de negociación ALC-UE".

Su propuesta reclama que "los gobiernos regionales y locales impulsen los mercados alternativos", para productos obtenidos según prácticas ecológicas.

Según Silvia Wú, de la Red de Agricultores Ecológicos del Perú, existen unos 12 mil productores de este tipo en el país, distribuidos en 20 regiones. "Podemos ganar mucho más con ese valor agregado que con las prácticas que se siguen ahora", comenta. Un ejemplo es la producción de papas. En la actualidad se cultiva mil variedades bajo sistemas de producción ecológica. Tan solo la muestra exhibida en Lima incluía 500 variedades.

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