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ACTO SIMBÓLICO: A REYNA LE FALTÓ MARADONA... PERO ÉL Y EL 'PUMA' TUVIERON A EVO

Más finta que fútbol

Evo Morales jugó contra ex seleccionados. El partido terminó en diplomático empate 2-2

Por Renato Cisneros

Parado al borde de la mancha blanca del penal, Evo Morales se apartó el cerquillo de la frente e hizo foco en un ángulo del arco.

La guapa árbitra Silvia Reyes dio la orden de disparo y Morales --camiseta '10', medias caídas-- le aplicó un inatajable puntazo a la pelota. La fofa estirada del regordete Eusebio Acasuzo representó un bonito gesto diplomático, una histriónica prueba de hermandad bilateral.

Ese fue, desde luego, el gol de la tarde, el menos lucido de los cuatro que hubo, pero el más importante para los fotógrafos, que inmediatamente después del penal tomaron el campo por asalto y cercaron con sus cámaras al abrumado presidente de Bolivia, tratando de eternizarlo en su episódico estrellato futbolero.

A Evo le bastó ese tanto para justificar una tardanza que provocó algo de impaciencia entre los asistentes. El cotejo había sido programado para las 4, pero la demora del mandatario altiplánico obligó a que recién empezara pasadas las 5, bajo un cielo invernal que no prometía mucha luz.

Por si fuera poco, el campo de la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI) no cuenta con iluminación, así que los últimos minutos del choque parecieron los de una pichanga de parque jugada al filo de la noche.

Además del gol, Evo hizo muy poco en su papel de volante creativo. Apenas un par de gambetas que la gente no dudó en celebrar. Una de ellas, por cierto, le valió una patada nadita amistosa del 'Puma' Carranza, quien lo barrió sin miramientos cerca del área. (Algunos, burlándose de lo desinformado que vive el 'Puma', comentaron que pateó a Evo sin saber quién era).

Tercer tiempo
Pero como suele ocurrir en estos encuentros simbólicos, lo pintoresco no se limitó a lo que ocurrió dentro de la cancha, sino también a lo que sucedió fuera de ella, donde más de un acoplado jugó su propia partida.

Si no, que lo diga Ollanta Humala, que ni bien ingresó a la cancha de la UNI saludó al público con su forzada sonrisa de campaña electoral, recibiendo a cambio una sarta de aplausos de ocasión. O que lo diga el cusqueño Juvenal Silva, el dirigente-congresista que aprovecha hasta los feriados para ponerse terno y tratar de figurar en fiestas ajenas.

Antes del choque, los cientos de hinchas de la solitaria tribuna se mostraron entusiastas, aunque algo deslenguados: les gritaron "prensa basura" a los periodistas que hacían su trabajo, y a un perro flaco que deambulaba por la pista atlética lo bautizaron con el nombre del presidente. "Muévete, Alan", le repetían.

Sin embargo, una vez iniciado el simbólico juego, contemplaron en medio de la más tierna confusión: la consigna política era aplaudir a Evo, pero poco a poco la nostalgia los hizo ceder ante las fintas de Julio César Antón, los giros de Uribe y los remates, ya sin fuerza, de Chumpitaz.

El telón de la fiesta se cerró en medio del caos general. Curiosos de todos lados inundaron la cancha. Evo, vivísimo, se volvió a apartar el cerquillo, montó una 4x4 sin cambiarse de ropa y desapareció en medio de la noche.

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