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PUNTO DE VISTA

Mi Europa

Por Rolando Arellano. Doctor en márketing*

Durante los cuatro años que vivimos en Europa a comienzos de los años 80, mi esposa Gina y yo rompimos o reforzamos muchos de nuestros estereotipos sobre ella. Quizás compartir detalles de algunos detalles que nos llamaron la atención ayude a mostrar la importancia de conocer mejor a los potenciales socios europeos que nos visitan esta semana.

Si el lector piensa, como lo hacíamos nosotros, que todos los alemanes son de comportamiento adusto y militar, comen col agria y toman mucha cerveza, se equivoca parcialmente. Nuestra experiencia fue encontrar también alemanes del sur tremendamente amables y risueños, casi latinos, cuyos exquisitos pasteles --selva negra uno de ellos-- representan una de las mejores reposterías del mundo.

Bélgica sorprendía porque dos naciones, flamencos y walones, a pesar de tener idiomas y costumbres tremendamente diferentes, construyeron un país muy próspero. Sabíamos que era pequeña, pero en verdad es tan chiquita que una vez, para visitar la hermosa ciudad de Brujas, nos recomendaron alojarnos en un hotel... ¡en Holanda! Esa Holanda que al menos por su gente no merece el nombre de Países Bajos, pues los holandeses son los más altos de Europa. Una nación donde conviven la cultura de Rembrandt, los molinos de viento, y las zonas de droga libre de Ámsterdam, con una economía floreciente.

Italia sin duda cumplía con el estereotipo esperado. Gente exuberante, bonita, con alegría de vivir la vida y muy amable. Tanto que unos jóvenes que arreglaban un auto se disculparon de ayudarnos en un problema con el nuestro porque en realidad ¡se estaban robando aquel! Y sentimos lo mismo con el estereotipo suizo, donde el orden y la puntualidad era tal que no dudamos de que Guillermo Tell haya dado en pleno centro a la manzana que colocó en la cabeza de su hijo.

Contrastando con la vorágine de Madrid y Barcelona, en la España profunda que conocimos vivían personas muy simples y tranquilas, que se sentían bisabuelos de cualquier latinoamericano --más aun si era peruano-- que pasara por allí. Recordamos también un Portugal con gente generosa, que compartía con nosotros su pan, su vino verde y su bacalao, orgullosa de mostrar que fueron ellos los más grandes navegantes del mundo y que son la parte de Europa físicamente más cercana al continente americano.

En fin, una Francia que sí cumplía con el estereotipo de la buena comida, incluso en el restaurante universitario, y cuya amplia mirada social, cultural y artística, propia de casi toda Europa, se hizo presente hasta en el supuestamente frío doctorado en negocios que hicimos allí. Si bien encontramos algún francés vanidoso y distante, mucho más importante es decir que sobre todo hicimos amigos para toda la vida.

Hoy las cosas han cambiado mucho. Lo que no ha cambiado es que no siempre los estereotipos se condicen con la realidad. Reuniones como las del ALC-UE son sin duda una buena oportunidad para empezar a confirmarlos o descartarlos.

*CENTRUM CATÓLICA / ARELLANO MARKETING, INVESTIGACIÓN Y CONSULTORÍA.

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