Por Jaime Cordero
Ni siquiera los guerreros más fieros pueden con el tiempo. Hoy le ha llegado el turno de rendirse a Oliver Kahn, alemán de sangre caliente, si los hay. El hombre que se formó con Rambo y Tony Montana, mafioso interpretado por un genial Al Pacino en "Caracortada", como dos de sus principales referentes, según confesó recientemente al "Süddeustche Zeitung", de Múnich. "En los años ochenta, todos creían en la historia del lavador de platos que llega a millonario", comentó en esa misma entrevista. Él, que surgió desde una familia de clase media de Karlsruhe hasta ungirse en el más brillante y díscolo de los arqueros, fue protagonista de su propio filme. Hoy se despedirá con honores de héroe.
La caducidad le ha tocado a los 38 años, desprovisto ya de sus reflejos, pero igual de grande y competitivo. A cierta edad, los arqueros de categoría como él dejan de volar y atajan a base de experiencia e intimidación. Por eso, y porque el Bayern nuevamente articuló un equipo potente, Kahn dejará el fútbol de la mejor manera posible, campeón de la Bundesliga y de la Copa de Alemania, y con un récord en la mira: el arco del Bayern solo ha encajado 20 goles en esta Bundesliga y si hoy no recibe dos más quedará en la historia como el menos batido en la historia del torneo.
Sería el último logro de una carrera ilustrísima que incluye la Liga de Campeones y el título al mejor jugador del Mundial 2002. Setenta mil personas, todas con banderas del Bayern, estarán hoy en el Allianz Arena para celebrar el vigésimo primer título de su equipo, pero, sobre todo, para celebrar a Kahn. El Rambo del arco que dirá adiós.