EXPOSICIÓN. "Ante el enmudecimiento"
BERLÍN [EFE]. Con la exposición denominada "Ante el enmudecimiento", la Ópera Estatal de Berlín (Staatsoper) rinde homenaje a 44 artistas que por su condición de judíos o extranjeros fueron apartados de los teatros alemanes debido a la política de 'limpieza cultural', impulsada por el gobierno nazi durante el Tercer Reich.
Muchos de los artistas a los que se busca de alguna manera reivindicar fueron obligados a emigrar o llevados a campos de concentración nazi en donde dejaron de existir.
En una lujosa sala de la ópera, 12 tableros muestran los retratos y biografías de las víctimas, entre las que se encuentran ilustres compositores y directores como Otto Klemperer y Heinrich Kleiber, quienes fueron obligados a exiliarse, así como de la cantante de ópera Lotte Schöne y el maestro de capela Fritz Zweig.
En la muestra también figura el director Leo Blech, cuyo nombre apareció en 1933 entre los primeros de la lista elaborada por los nazis con la vergonzosa colaboración de algunos miembros de la ópera.
Pero no solo los músicos sufrieron persecución debido a la 'limpieza nazi', sino que también fueron víctimas de hostigamiento los actores y miembros de coros y orquestas menos conocidos.
Muestra de la importancia que dio el régimen de Adolfo Hitler al control de la cultura fue que Joseph Goebbels --ministro de Propaganda nazi-- y Hermann Göring ejercieron un control directo y absoluto de teatros y óperas, ordenaron la expulsión de extranjeros y judíos, que --en palabras de Goebbels-- no podían tener "ni idea de lo que significaba el arte alemán".
Luego de la promulgación de las leyes raciales de Nuremberg, en setiembre de 1935, se endurecieron las medidas y se eliminaron las excepciones, por lo que miembros de la Staatsoper como Klemperer, List y Kleiber se marcharían al exilio y otros serían jubilados.
Es digno de destacar que algunos miembros de la ópera aún siendo 'arios' decidieron renunciar a sus cargos en solidaridad con sus compañeros y como acto de protesta ante la política de 'pureza racial' nazi.
Otros como el director de la Staatsoper de la época, Heinz Tietjen, y el de la Filarmónica, Wilhelm Furtwängler, cargarían para siempre la cruz de haber servido al nazismo.