Por Erik Struyf Palacios. Corresponsal
BRUSELAS. Un grupo de unos 50 latinoamericanos en situación irregular decidieron ocupar el jueves una sala de la Casa de América Latina en Bruselas y 10 de ellos se declararán este lunes en huelga de hambre con el fin de exigir los documentos que les permitan vivir y trabajar en Bélgica sin ser perseguidos, encerrados y discriminados.
Entre los inmigrantes en situación irregular hay bolivianos, ecuatorianos, brasileños, salvadoreños, chilenos, guatemaltecos y también algunos peruanos. "Todos tenemos en común el hecho de estar hace años en este país sin la esperanza de obtener el derecho a quedarnos porque no cumplimos con las condiciones impuestas por las autoridades belgas, que son tener hijos nacidos en Bélgica, tener un contrato de trabajo o ser demandante de asilo político", explica César Briones, natural de Lima y miembro del Comité Latinoamericano de la Coordinación Nacional de Sin Papeles.
En Bélgica existe escasez de mano de obra en muchos sectores y los latinoamericanos tienen fama de fiables y trabajadores entre los empleadores. Sin embargo, el Gobierno no toma las medidas necesarias para regularizarlos. "Hay mucha hipocresía y oportunismo. Las cargas sociales son tan elevadas en este país que muchos empresarios prefieren hacernos trabajar 'en negro' (sin derechos laborales). Hay algunos que incluso proponen ofrecernos un contrato si nosotros mismos asumimos el pago de nuestra seguridad social y todos los impuestos", cuenta el peruano José Rimache, quien hace un año regularizó su situación gracias a que tiene dos hijas nacidas en Bélgica.
A SALTO DE MATA
Ser inmigrante indocumentado en Bélgica exige fortaleza, nervios de acero y mucha suerte, aseguran. "Cada vez hay más redadas en las cabinas telefónicas. Si la policía te detiene, terminas en un centro cerrado y después viene la expulsión. En el transporte público, al ver nuestro aspecto de extranjeros, los controladores no nos piden el boleto, sino directamente los documentos de identidad", dice María Inés Guzmán, una salvadoreña que hace nueve años se bate por obtener una estadía legal en este país.
"Vivimos a salto de mata. Es cuestión de tener suerte. Por olvidarte de tu abono del metro puedes acabar en un centro cerrado, que son verdaderas prisiones. Solo podemos trabajar 'en negro', muchos empleadores abusan de nosotros porque no podemos denunciarlos", agrega Rimache.
Para Briones "con o sin papeles, se sufre del racismo y la discriminación". Sin embargo este peruano como miles de otros latinoamericanos han construido su vida en este país. Desde que llegó hace cinco años a Bélgica, después de haber "cachueleado en lo que sea", ha logrado establecerse como profesor de español. "Hay gran cantidad de belgas que quieren aprender el español y de preferencia nuestra manera de hablar. He enseñado en escuelas privadas y doy clases particulares. Estoy adaptado, no quiero volver al Perú porque la situación económica no me lo permite", comenta.
Pese a las dificultades, Briones confía en que la huelga de hambre surtirá efecto: "Voy a conseguir regularizar mi situación", dice optimista. "Con medidas desesperadas como las huelgas de hambre las autoridades belgas dan su brazo a torcer", asegura. Pero su compañera salvadoreña se lamenta: "Es el colmo que en este país, supuestamente un abanderado de los derechos humanos, tengamos que amenazar con morirnos de hambre para que se nos escuche".
Europa se ensaña con los sin papelesLos últimos días enfurecidos habitantes de Nápoles incendiaron varios campamentos de gitanos tras un supuesto secuestro de una niña italiana. Frente a los hechos de violencia Humberto Bossi, de la xenófoba Liga del Norte y ministro de Reformas en el recién estrenado gobierno de Silvio Berlusconi , dijo que "los napolitanos están haciendo lo que la clase política no ha cumplido con hacer".
También los inmigrantes en regla sufren del endurecimiento de las políticas migratorias. Francia ha establecido un monto de ingresos mínimos para quienes quieran hacer venir a su cónyuge o hijos. En Holanda los candidatos a la reunificación familiar deben pasar un examen de neerlandés y cultura holandesa. Este requisito no se exige a ciudadanos de otros países, como EE.UU., Japón, Canadá o Australia.