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LA ESQUINA

Nadie lo puede olvidar

Antes de Maradona hubo un grande que impactó en todo el Río de la Plata: Moreno

Por El Veco. Periodista

En la puerta del Diario, un lector nos refirió un supuesto olvido: "Usted habla de todos, pero no menciona al gran José Manuel Moreno".

No es así al pie de la letra y nuestra admiración por su juego deslumbrante es de acero inoxidable. Nos contaba Borocotó (pilar mayor de "El Gráfico") que Moreno acostumbraba visitar al presidente justo en la propia Casa Rosada. Era hincha del 'Charro', así denominado por su feliz actuación en el Club España de México (1945) y por eso también salían de la casa de gobierno para beber un café en un bar de las inmediaciones. Y algún despistado se hizo la pregunta irrespetuosa: ¿Quién será el viejito que va al lado de Moreno?".

Surgido en el barrio de La Boca, hijo de un policía esquinero de la avenida Almirante Brown, su gran frustración de niño fue no vestir la camiseta azul y oro. No le dieron cabida y en medio de aquellas horas amargas le llegó la invitación de Tito Sánchez, un muy popular 'fana' de River y pasó al rival eterno. Integró la legendaria 'Máquina' con Muñoz, MORENO, Pedernera, Labruna y Loustau. Fue rey de las canchas y también de la noche. En México, en el ajetreo de su campaña triunfal, bailó un tango con Bette Davis y la foto fue un documento que jamás perdió, ni aun en las horas del ocaso y la mostraba con orgullo.

Los cronistas de su época enfatizaron sobre un repertorio completo de Moreno, con todas las páginas llenas. Era '8', el viejo "insider derecho" y estaba para toda tarea. La gambeta rococó, adornada, el pase demoledor y el gol. Y con despliegue espectacular. Sin relegar la belleza que lo unía a los otros dos inventores del ataque: Pedernera y 'Chaplin' Loustau, este último quizás el más grande puntero izquierdo que hayamos visto, con larguísimo recorrido que lo unió al excepcional Walter Gómez en la segunda 'Máquina': Vernazza, Prado, Walter, Labruna y Loustau... Cuando regresó de México para reincorporarse a River sucedió algo irrepetible: el partido del reencuentro se disputó ante Ferro, en el barrio de Caballito, y la multitud rompió el cerco en su anhelo por estar más cerca del ídolo. Félix Daniel Frascara, otro grande de "El Gráfico", tituló el acontecimiento de esta forma: "Los hinchas rompieron las alambradas para ver a Moreno".

A partir del 50 comenzó un largo itinerario por América del Sur, con algunos retornos fugaces a Buenos Aires para vestir la camiseta de Boca --la que quiso de niño-- y la de Ferro. En Montevideo lo vimos con la casaca violeta de Defensor. Más tarde Colombia y por último el tango dedicado por el músico Armando Pontier: "A José Manuel Moreno". Creemos que los viejos aficionados lo siguen evocando sin necesidad de la música. Cierran los ojos y ven otra vez en las canchas a quien fue, para los más, "el más grande futbolista argentino de su tiempo". Así lo anotamos y entonces quedamos en paz.

La acusación de olvido no tenía base. Se borró sola.

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