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REPORTAJE. CHILE: PARAÍSO PERDIDO

Despierta el gigante enfurecido

Unas siete mil personas han debido abandonar el sureño pueblo de Chaitén y sus alrededores, amenazadas por el volcán que lleva el mismo nombre

Por Moisés Ávila Roldán. Enviado especial

LOS LAGOS. La noche del viernes 2 de mayo, Héctor Uribe debió salir de casa. Estaba obligado a emprender un viaje sin retorno. Su esposa y sus cinco hijos ya lo habían hecho horas antes. No estaba permitido llevar bultos ni objetos pesados. Era su turno de abordar la barcaza militar que lo esperaba en el puerto.

Aquella mañana, el volcán Chaitén (el mismo que le da el nombre al turístico pueblo en el que vive, en el sur de Chile) despertó de un largo letargo. Emanó una enorme columna de ceniza e hizo insostenible y peligrosa la vida allí. La orden de las autoridades: todos los cuatro mil habitantes deben salir. Todos, menos las mascotas.

El perrito de Héctor, cruce de pastor alemán, no estaba autorizado a subir a la barcaza. Formaba parte del rubro bultos, y embarcarlo (para las autoridades) era comparable a llevar un televisor o un equipo de sonido. Así que, fiel y obediente, Sultán acompañó a su amo hasta el embarcadero y lo observó trepar al bote. Luego, emprendió el regresó al pueblo. "Volveremos por ellos", fue el ofrecimiento del cuerpo de rescate.

El último miércoles, ya a salvo en la casa de su sexta hija, quien vive en Puerto Montt, los Uribe veían televisión. El noticiario de la medianoche daba cuenta del desborde de los ríos Blanco y Raya, el más próximo al pueblo, cuyo cauce se vio alterado por la gran cantidad de ceniza que cayó en sus aguas.

En el reporte --que mostraba desoladoras imágenes de la ciudad inundada en un 90%-- Héctor pudo divisar su casa, cubierta hasta la mitad por agua mezclada con lodo. Al lado, en el estacionamiento, solo se asomaba el techo de la camioneta roja doble cabina de uno de sus hijos. Allí, recostado, sin poder moverse a otro lado, pero libre de peligro por el momento, reposaba Sultán. "Le pedimos que cuide la casa, y allí está", dice entre sollozos su dueño.

En una reciente medida, y luego de una fuerte presión ciudadana, la Fuerza Aérea de Chile entró al pueblo para alimentar y luego rescatar a unas cien mascotas. Pero es imposible sacar a todas. El peligro es inminente. En cualquier momento la enorme columna de partículas que emana del cráter del Chaitén --y que ha alcanzado dimensiones de más de 15 kilómetros de alto-- podría caer intempestivamente y cubrir la ciudad en menos de seis minutos. Ni el más ágil de los militares asignados a la zona podría correr desde el centro de la ciudad hasta el puerto en ese tiempo, subirse a un zodiac y escapar del peligro.

Por ello es que el Gobierno dispuso la evacuación de unas 7 mil personas, tanto de Chaitén como de Futaleufú; operación que se efectuó con éxito, por tierra, mar y aire. La mayoría de estas personas está instalada en el Liceo Comercial de Puerto Montt, aunque otro tanto se desplazó hasta Osorno, Puerto Cárdenas o la isla de Chiloé, también en el sur del país.

Un drama aparte se vive en la ciudad de Futaleufú, ubicada a poco más de 150 kilómetros del volcán. Si bien la mayoría de sus habitantes evacuó, unas 300 personas se quedaron en sus casas. Aunque hasta allí no llega el peligro, todo está cubierto por cenizas y no hay servicios básicos. De vez en cuando se conecta el agua que solo sirve para la limpieza de los baños. Las cenizas han llegado hasta Argentina e incluso alcanzaron el Océano Atlántico.

Según Matzal Bukic, representante de la asociación protectora de animales Albergando a un Amigo, quedan al menos unos 300 animales por rescatar en Chaitén. Aunque los integrantes de la asociación son conscientes del peligro, piden que saquen a las mascotas de a pocos.

Esa posibilidad ha sido completamente descartada por el Gobierno. A pesar de que hay muchos voluntarios para ir en busca de los animales, la emergencia es tan extrema que ya no queda allí ni siquiera un destacamento militar. El Ministro de Defensa, José Goñi, encargado inicialmente de hacer frente al siniestro, informó que el pueblo de Chaitén, y todo lo que lo rodee en 30 kilómetros, estará cerrado por lo menos tres meses o más, si es que continúa el peligro. Este lugar se ha denominado Zona Cero.

EL MACIZO DORMIDO
El volcán Chaitén, ubicado en la provincia de Palena, región de Los Lagos, fue reconocido como tal hace cuarenta años. De acuerdo con los antecedentes geológicos, su última actividad se registró hace nueve mil años.

"Dentro de la gravedad, la erupción se mantiene en rangos estables. No se ha intensificado, pero tampoco ha disminuido. Desde que empezó a hacer erupción el 2 de mayo, ha emitido 3 kilómetros cúbicos de material piroclástico", explicó a El Comercio Jorge Muñoz, doctor en Geología y vulcanólogo. Aunque la Oficina Nacional de Emergencia del gobierno advirtió de un incremento en la actividad volcánica.

Como responsable en jefe del Observatorio Vulcanológico del Servicio Nacional de Geología y Minería de Chile (Sernageomin) ha seguido de cerca toda esta tragedia. Recuerda que la principal amenaza es la caída intempestiva de la columna de humo que se mantiene aún en el aire, producto de la erupción y los gases.

"Cuando colapsan columnas de estas dimensiones, la velocidad de caída es alta y los tiempos de reacción muy bajos", dice. Reitera que en pocos minutos toda la ciudad quedaría tapada por el material volcánico. "Deseamos tener un pronóstico certero de lo que va a ocurrir en el futuro. Ahora no podemos atrevernos a pronosticar cuánto va durar esto", sostiene.

"Sultán no se va a mover de allí. Va a morir en la casa", dice Héctor. Como él, son centenares los habitantes de Chaitén que salieron sin sus engreídos y que hoy los lloran. Aquel lugar de paisajes y naturaleza impresionantes, paraíso del turismo de aventura, y de 'lounges' y albergues de lujo, se ha convertido en un pueblo fantasma. Los canes y el ganado deambulan por las calles y los gallinazos ya se alimentan de las aves de corral que no han resistido el abandono. Y todo cubierto por cenizas. Y por tristeza.

Las medidas del Gobierno
Además de cerrar el pueblo y los alrededores, el Gobierno chileno anunció que entregará unos 430 dólares a cada una de las familias afectadas por este siniestro. Asimismo, brindará apoyo para el alquiler de hospedajes, mientras se define si pueden o no volver a habitar sus antiguas viviendas. De acuerdo con el portavoz de La Moneda, Francisco Vidal, los damnificados llegarían a recibir hasta 2 mil dólares aproximadamente, si se incluye la alimentación. El gobierno también se comprometió a reponer parte del ganado que pierdan los agricultores.

Los habitantes --ahora rescatados-- no tomaron de muy buena gana el anuncio. Acostumbrados a vivir de sus actividades productivas y turísticas, que les dejaban grandes réditos, aseguraron que no les será posible mantenerse con 430 dólares, sobre todo en un país en donde el costo de vida es alto.

También designó a una delegada presidencial que se hará cargo de dar cumplimiento a las medidas planteadas por el Gobierno a favor de los afectados. La presidenta Michelle Bachelet dispuso la reconstrucción de la provincia de Palena, una vez que se detenga la actividad volcánica. Por lo pronto, efectivos de Carabineros y de las Fuerzas Armadas realizan actividades diarias de limpieza de carreteras y caminos cubiertos por el material volcánico.

Chile posee más de dos mil volcanes, y es el segundo con mayor actividad de este tipo, después de Indonesia.

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