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CRÓNICA. LA IV FLOTA DE EE.UU.

El despertar naval estadounidense reaviva ciertas sospechas en la región

Voceros de la Marina estadounidense reiteraron que el restablecimiento de la IV Flota Naval, que estuvo 60 años inactiva, es solo una medida administrativa, pero algunos lo dudan

Por Miguel Vivanco. Corresponsal

WASHINGTON D.C. El reciente anuncio de la Marina de Estados Unidos de restablecer la IV Flota Naval para tener una mayor presencia en América Latina generó ciertas interrogantes en la región, pero pasó casi inadvertido en Washington.

Mientras en nuestros países algunos especulaban sobre el retorno de la "diplomacia de las cañoneras" o una "nueva siembra de terror", en la capital estadounidense nadie entendía cómo se puede tener miedo o crear interrogantes frente a una flota que no cuenta con barcos y tiene una nómina laboral administrativa donde figuran solo 30 oficiales.

Si bien es cierto que el Departamento de Defensa autorizó el traspaso de varios navíos de guerra y submarinos a la IV Flota, a partir del 1 de julio, se sabe que todo será en el ámbito administrativo (en papeles), pues las exigencias logísticas en el Golfo Pérsico impiden una reubicación física de las unidades de combate.

Quizá por eso se designó como jefe a un almirante de dos estrellas, a diferencia de las otras cinco flotas que hoy están dirigidas por almirantes de tres estrellas.

Voceros de la Marina estadounidense reiteraron esta semana que el restablecimiento de la IV Flota, que estuvo 60 años inactiva, es simplemente una medida administrativa que no asigna ningún elemento de forma permanente a las fuerzas estadounidenses en América Latina.

El contraalmirante James Stevenson, actual comandante de las fuerzas navales estadounidenses en la región, dijo a la prensa: "(Esto) manda la señal correcta, incluso a aquellos que, como ustedes saben, no son nuestros mayores admiradores".

NO PASA NADA
En privado, varios oficiales en actividad aseguraron que el restablecimiento de la IV Flota no responde a una eventual invasión a Cuba o Venezuela.

"Estados Unidos no invadió Cuba en el pasado, menos lo hará ahora que los días del dictador Fidel Castro están contados", señalaron los oficiales.

También coincidieron en señalar que el presidente venezolano, Hugo Chávez Frías, a pesar de su lenguaje beligerante y de amenazas constantes, no representa ningún tipo de peligro para la seguridad de Estados Unidos.

"Chávez puede decir lo que quiera, pero no representa ningún peligro. Hasta ahora estamos esperando la movilización de varias divisiones y tanques a la frontera con Colombia. Hasta el día de hoy no llegó ni un solo blindado. Es fácil hablar, pero en la práctica la cosa es distinta", acotaron los oficiales que pidieron el anonimato.

Y es que en los planes futuros del Pentágono para enfrentar al narcotráfico y al terrorismo en nuestra región, la IV Flota ni siquiera es mencionada como referencia o tomada en cuenta en casos de una eventual crisis.

Es cierto que la adquisición de Venezuela de material militar, especialmente de aviones y helicópteros de combate, así como submarinos, generó cierta preocupación en algunos estrategas militares, pero no determinó la activación de la IV Flota.

Es importante destacar que desde que tomó el mando del Comando Sur del ejército estadounidense, el almirante James Stavridis privilegió una postura diplomática en la región, organizando ejercicios, visitas a los puertos y misiones humanitarias.

RAZONES LOGÍSTICAS
Para el ex militar estadounidense Stephen C. Donehoo, director adjunto de Kissinger McLarty Associates, no existe ninguna razón para pensar que EE.UU. podría utilizar su fuerza militar en América Latina.

"Yo considero que la creación de la IV Flota Naval no apunta a ningún plan estratégico ofensivo, sino más bien a cuestiones logísticas, de asistencia humanitaria y cooperación con los países de la región", comentó Donehoo.

El ex militar dijo que la mayoría de recursos militares está concentrada en Iraq y Afganistán, pero que siempre existe el interés de Estados Unidos en realizar prácticas o ejercicios militares con los países latinoamericanos.

"Los ejercicios Unitas son el mejor ejemplo. Durante su ejecución se hacen ensayos de tipo militar, pero también se presta importante ayuda médica y de ingeniería a muchos pueblos pobres de América Latina", acotó Donehoo.

IDEAS DIFERENTES
En una reciente exposición, el vicealmirante español Julio Albert Ferrero --al referirse a la "diplomacia de las cañoneras"-- señaló que el paso del tiempo y la evolución de las relaciones internacionales se han encargado de reducir la frecuencia de las intervenciones de la fuerza naval, la cual tuvo su auge en la década de los años 20 y se incrementó en la de los 70.

"Los obstáculos políticos han aumentado y eso ha provocado cambios. Gran Bretaña, por ejemplo, tiene una tradición enraizada de iniciativas navales en tiempos de paz y una disposición declarada de utilizar sus buques de guerra para alcanzar sus objetivos políticos", comentó Ferrero.

El analista boliviano Lisandro Otero consideró que no se pueden ignorar las distintas estrategias geopolíticas dictadas desde Washington a través del tiempo.

"No se puede hablar del retorno de la diplomacia de las cañoneras. Tenemos que entender que nos hallamos en el umbral de una nueva etapa en América Latina, en donde todos entienden y aceptan la necesidad de erradicar la distribución desigual de la riqueza", dijo.

No habrá bases militares en el Perú
Recientemente el jefe del Comando Sur de Estados Unidos, almirante James Stavridis, visitó Lima y descartó que su país planee instalar una base militar en territorio peruano. También negó que se haya iniciado algún tipo de conversación con este fin.

"No tendremos ninguna base militar, no tenemos el deseo, y menos mantenemos conversaciones para implementarla en el Perú", enfatizó en conferencia de prensa realizada en la sede del Centro Naval del Perú.

Stavridis dijo que, por el contrario, su país continuará su labor de cooperación bilateral, realizando acciones conjuntas en diferentes tareas dentro del marco de la lucha contra las drogas.

Stavridis recalcó que existen diversas formas de cooperación en la lucha contra el narcotráfico, como el intercambio de información de inteligencia, intercambio de comunicaciones, el entrenamiento de personal policial y de las fuerzas armadas, y operaciones conjuntas en el mar.

"Depende de cada país decidir cuál es la manera que le resulta más cómoda", añadió.

Según se informó, esta es la segunda visita que realiza el almirante Stavridis al Perú en su calidad de jefe del Comando Sur desde que asumió su cargo en octubre del 2006.

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