Por: Juan Paredes Castro |
El presidente Alan García crispó por un momento su discurso del viernes por la noche, que arrancó tantos aplausos como silencios.
Entró en un monólogo que nos recordó a aquel otro, de él mismo, a comienzos de su primer gobierno, cuando propuso un compromiso de desarme en la región, que nadie, por supuesto, siguió.
Entonces parecía sobrarnos no solo los aviones que vendimos y que ahora nos faltan, sino los misiles y tanques que tampoco podemos renovar y los buques y torpederas que ya quisiéramos comprar.
Ya lejos de su intervención de hace más de veinte años, con la que pagó el precio por la ingenuidad política de creer que los desarmes unilaterales funcionan, esta vez García apeló al fuero moral de los gobiernos de los dos mundos separados por el Atlántico, para convocarlos a la misión casi imposible de apostar por una fuerte reducción de los gastos militares.
"Aquí estamos reunidos compradores y vendedores de armas", dijo mirando a la izquierda y derecha del auditorio de clausura de la V Cumbre de América Latina, el Caribe y la Unión Europa, sin perder el súbito ceño fruncido que había adquirido. Y se preguntó: "¿Con qué autoridad moral nos planteamos una lucha frontal contra la pobreza si seguimos dedicando 40 mil millones de dólares a los presupuestos militares, pudiendo asegurar una asignación de 50 dólares mensuales a 80 millones de hogares?"
No creemos que García haya tocado este tema en busca de efectismo demagógico y mediático. Más creemos que sí lo hizo en 1985, cuando su juvenil y alocado tercermundismo solía hacerle decir y hacer cualquier cosa.
Es cierto que en los últimos veinte años el fin de la Guerra Fría ha dejado al mundo sumido en nuevos conflictos y en nuevos millonarios desembolsos militares, inclusive nucleares. Pero igualmente es cierto que contra esos conflictos y esos desembolsos presiona cada vez más el dramático desafío del hambre, de la desigualdad y del agotamiento de recursos del planeta.
Aquí el llamado del realista y centrado García de este tiempo cobra más seriedad que el de aquel errático e impulsivo del pasado, a la hora de pensar en que la industria, la tecnología y el comercio de la muerte recibe un promedio de más atención en presupuestos que la industria, la tecnología y el comercio en función de la vida.
El mismo seguimiento que García ha sugerido para los compromisos de la cumbre debe imponerse para algunos temas que deben estar en la próxima agenda, como la tasa ecológica a la producción mundial de petróleo y la reducción del gasto militar a favor de los programas de alimentación, educación y vivienda de los más pobres de la tierra.
Viene el turno de las agendas nacionales mientras se diseña la VI Cumbre ALC-UE.