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DEL EDITOR

Pros y contras del derecho de injerencia

Por Virginia Rosas

El derecho de injerencia no es un concepto nuevo. Se remonta al siglo XIX y, en pocas palabras, se refiere al derecho de intervenir en temas que se refieren a un Estado sin ser invitado. Por muy loable que parezca el derecho de injerencia no existe oficialmente en el derecho humanitario internacional, aunque dos resoluciones de las Naciones Unidas (en 1988 y en 1990) instituyan "la asistencia humanitaria a las víctimas de catástrofes naturales o situaciones de emergencia de la misma naturaleza", léase, conflictos armados. Tal fue el caso de la guerra de Biafra (1967-1970) que desató una hambruna de tales características y de tal mediatización que el mundo no pudo mantenerse indiferente.

Esta reflexión viene a propósito de las catástrofes que han sacudido Birmania (Myanmar) y China en los últimos días.

El paso del ciclón Nargis, hace dos semanas por el territorio birmano, ha puesto en relieve la tragedia que atraviesa ese pueblo sometido por más de cuarenta años a la tiranía de una junta militar que no contenta con mantener a su pueblo bajo un régimen de 'sangre y fuego' se niega a aceptar ayuda internacional para socorrer a los más de dos millones de siniestrados. El recuento oficial de víctimas señala 77 mil muertos y 28 mil desaparecidos, mientras que las organizaciones humanitarias temen que la cifra de fallecidos supere los cien mil.

China, por su parte, ha sufrido en la provincia de Sichuán, las sacudidas de un terrible terremoto que ha dejado, por lo menos, 50 mil muertos. Pero en este año olímpico Beijing ya ha tenido suficientes críticas con el tema de la represión en el Tíbet como para arriesgarse a no aceptar ayuda humanitaria para sus ciudadanos pese a que, al igual que Rusia, defiende la soberanía absoluta de los estados contra la injerencia.

Más allá de la tragedia que viven ambos países es importante revisar el concepto de derecho de injerencia que defiende el actual canciller francés Bernard Kouchner, médico fundador de la ONG Médicos sin Fronteras como "el deber de asistencia a un pueblo en peligro".

Quienes se oponen a la aplicación de este principio aducen --no sin razón-- que este puede conducir a intervenciones unilaterales y hasta hegemónicas o imperialistas y esgrimen como ejemplo el caso de Iraq, en el que con el pretexto de liberar a una población del yugo de un dictador feroz se permitió la invasión de un país con oscuros fines y peores resultados.

En realidad, el problema radica en quién decide cuándo intervenir y por qué. Y no siempre se mide con la misma vara. Ejemplos sobran: no es lo mismo un pequeño territorio como Kósovo, que China, un gran socio comercial con un ejército poderosísimo al que nadie osaría importunar.

Darfur se desangra desde hace años ante la indiferencia del mundo. Y qué decir de los palestinos, que suplican la intervención de observadores internacionales para que cesen de una vez por todas las matanzas de civiles, sin que la ONU actúe porque Estados Unidos aplica sistemáticamente su derecho de veto ante el Consejo de Seguridad a instancias de Israel.

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