Resulta inadmisible y doloroso que la joven policía de tránsito Lady Anaya Gómez, una de las cientos de efectivos que garantizaron la seguridad en la reciente V Cumbre ALC-UE, haya perdido la vida en un dramático accidente que bien pudo evitarse.
El caso tiene que investigarse pero, en principio, exige tomar medidas enérgicas para evitar de una vez por todas que más personas --civiles o uniformados-- sigan muriendo en las pistas, elevando una estadística que hace rato supera el número de las víctimas de la violencia terrorista.
Indigna que otra vez la negligencia haya cortado de tajo la vida de una joven de apenas 22 años. Hay que evaluar la responsabilidad de los choferes involucrados en el accidente, pero también las acciones que aplica la PNP para proteger la vida de sus efectivos.
No podemos lamentar periódicamente las tragedias y no poner orden. Si hemos logrado institucionalizar el uso del cinturón de seguridad, ¿por qué no podemos sancionar las maniobras temerarias de choferes que ponen en peligro su vida y la de los demás?