ENTREVISTA. Leopoldo Pflucker
Por Alberto Revoredo
Es un artista nato, pero cual superhéroe, no encontró mejor disfraz que el de un exitoso abogado. Su uniforme de saco y corbata ocultaba su identidad secreta, y sus superpoderes radicaron siempre en su habilidad con los lápices y el manejo de la tinta china, verdaderas armas para paralizar a quien se detuviera a ver sus dibujos. Primero en los cuadernos de colegio y luego en cualquier separata de la universidad. Más tarde, cuando hubo que hacerla de ejecutivo, sobre cualquier papel de la oficina. Y claro, como un paladín nunca descansa, terminó disparando su arte sobre miles de servilletas de restaurante, aprovechando el poco tiempo que tenía para comer.
PERO REGRESA
Leopoldo Pflucker nació en Lima pero se fue a Madrid hace 24 años, cuanto tenía 18 de vida. Allí se graduó en leyes y montó una empresa de promociones de publicidad e importación de textiles. Pero en todo ese tiempo, y claro, años antes, de lo que más disfrutó Polo --así le dicen -- es de dibujar. Corrección, no solo de dibujar, sino de hacerlo obsesivamente.
"Llegué a un cruce de caminos. A un punto en el que tenía que elegir entre la vía de la izquierda o la de la derecha. Eso desencadenó todo. Hace tres semanas que regresé a Lima para dedicarme a esto de lleno, esa era mi intención", cuenta un emocionado Pflucker.
"Ahora dispongo de toda esa energía que utilizaba para trabajar, imagínate lo que se puede hacer, se me pone la piel de gallina de pensarlo. Lo que tengo ahora no tiene límite, voy a seguir con lo que estoy haciendo e iré sacando puntas de lanza de lo que se me ocurra, de lo que tenga ganas de hacer; pero no me veo como un artista, simplemente hago lo que me sale natural. No tengo ningún plan estratégico, solo pintar y dibujar", agrega.
Sobre el suelo, una caja repleta de fólderes con dibujos develan un enigmático mundo personal, plagado de extrañas criaturas, personajes de fábula y extravagantes medusas. Pfluker expuso dos veces en Madrid. En su última muestra-despedida, en la galería Cucamona, sus dibujos sobre servilletas recibieron los mejores comentarios.
"Soy autodidacta -- explica Polo-- pero claro, cualquiera que dibuja todos los días por más de veinte años termina agarrando práctica. Dibujar en servilletas te quita presión, no hay miedo a equivocarse, es más visceral e intuitivo". Actualmente se encuentra en conversaciones con una galería limeña interesada en mostrar su trabajo, y con ello espera que se inicie una nueva etapa en esta historia.