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LA ESQUINA

Saber saltar y algo más

A propósito de la reanudación de la Eliminatoria, un mensaje a la conciencia de nuestros zagueros

Por El Veco. Periodista

No siempre los grandes cabeceadores han sido altos. Con reparar en el 'Granítico' Héctor Chumpitaz, capitán de capitanes de la banquirroja y cada vez más añorado por  paralelos ineludibles que dejan hecho añicos a tantos zagueros de hoy, ya sería para dar vuelta la página y cambiar de tema. No asustaba por la altura, sino que prevalecía por su extraordinaria eficacia. En la historia vieja del fútbol rioplatense quedó la figura del volante  Severino Varela (Peñarol, selecciones celestes, Boca) como uno de los más notables anotadores por la terraza. Jugaba con una boina blanca y lo rebautizaron la 'Boina Fantasma' en su pasaje triunfal por el fútbol argentino, azote de River y piedra fundamental de dos títulos con la casaca boquense. Severino tenía una talla de 1 metro 66 , pero --el gran detalle-- sabía saltar en el momento justo.

Más acá en el tiempo tenemos el caso incierto de Roberto Perfumo, muy buen zaguero por abajo, pero que al comienzo de su campaña no sabía saltar y sus fallas en el juego aéreo han quedado indelebles como el cabezazo de Hurst en Inglaterra 66 que le costó a Argentina la eliminación del Mundial. Perfumo, de buen pie, con entrega pulcra,  recién arrancaba. Más tarde aprendió a desplazar al adversario y se metió para siempre en la historia de Racing. Un zaguero no puede saltar únicamente pensando en la posibilidad de darle al balón con su cabeza, sino en desacomodar al contrario con los hombros, codo, manos, lo que fuere. Valeriano López, el inolvidable 'Tanque de Casma', no solo cabeceaba muy bien, sino que ponía por delante su físico acerado, con ingredientes de fe y coraje, para desparramar a cuanto adversario intentaba frenarlo. Con él los zagueros perdían con mayor frecuencia.

Lo fundamental es prepararse bien para ir en busca de la pelota, intuir incluso el momento exacto para el contacto aéreo con el balón y eso--como casi todo en la vida-- solo se logra con dedicación plena y trabajo a destajo.

Daniel Passarella debe ser uno de los mejores cabeceadores del fútbol sudamericano. ¿Es un gigante Passarella? De ninguna manera, al igual que 'Chumpi' tiene una talla común, pero gana en defensa y ataque porque domina precisamente el 'timing', o sea, saltar en el instante justo. Aún recordamos el gol del pequeño Giresse frente a Irlanda del Norte, la defensa con mayor talla que disputó el Mundial de España. El volante francés vio venir el balón, intuyó su posibilidad de conectarlo y estuvo -- antes que nadie-- en el instante que bajaba.

Los zagueros peruanos tienen que marcar a sus compañeros de selección en cada entrenamiento como si fueran argentinos o colombianos en un partido de Eliminatoria porque es la única forma de corregir el déficit, esa suerte de tortura anticipada que el hincha peruano vive con absoluto dolor y razones de sobra.

Aún recordamos, simplemente a título de ejemplo, cuando Daniel Killer (un ropero con dientes en su anatomía exuberante) recibía las indicaciones firmes de Menotti y las cumplía en los entrenamientos. Chocaba con Luque, Kempes, el que fuera, como si se tratara de partidos en pleno rigor y lo hacía para que los atacantes se avivaran y buscaran contrarrestar a los otros Killer que iban a encontrar en plena competencia.

La solución está en dominar los secretos del salto y algo más. Hay que ir arriba con todo lo que uno tiene, hombros, codos, orejas, manos, juanetes y pensar que si a veces no se puede llegar con la cabeza como uno desea, el contrario tampoco podrá hacerlo. Esos recursos extras hay que aplicarlos con cuidado y sin perder de vista la posición del árbitro. Que no te vean porque el penal estará demasiado cerca. Ser sapo con eficacia y en el momento justo.

En el fútbol la picardía también puede desnivelar cada tanto y si es con cara de 'yo no fui' mucho mejor. Sacar patente de vivo con ostentación  es afiliarse a la tarjeta roja. Viene con toalla y jabón.

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