Por Diego Otero
Cuerpo/Objeto/Materia y Tener lugar son dos exposiciones radicalmente distintas pero que apuntan a lo mismo: develar zonas de la experiencia artística que por diversas razones no suelen estar bajo los reflectores más potentes del sistema del arte en nuestro país. La cerámica como formato para un amplio panorama de creación contemporánea, en el primer caso, y, en el segundo, una reflexión -didáctica pero no condescendiente- acerca de las relaciones entre obra y espectador en el arte contemporáneo, utilizando como ejemplo el trabajo de las últimas generaciones de artistas peruanos. Ambos proyectos tocan asuntos críticos y pertinentes, y proponen, de paso, interrogantes a las que deberíamos prestar atención: ¿hay una relación directa entre la vasta, milenaria, tradición alfarera del Perú y el hecho de que la producción contemporánea en cerámica pase más o menos desapercibida?, ¿por qué parece a veces insalvable la brecha entre la obra de arte contemporánea y la apreciación y el disfrute de un público, digamos, no iniciado? Ambas muestras son de carácter imprescindible.
PENSAR LA ARCILLA
Cuerpo/Objeto/Materia es una mirada atenta y minuciosa de las distintas rutas por las que transita la cerámica contemporánea en el Perú. Las curadoras Gabriela Germaná y Lala Rebaza -investigadora de arte la primera, ceramista la segunda- han realizado un recorrido que se pretende totalizante y horizontal: desde piezas de artistas de comunidades amazónicas (Virgina Maynas) hasta propuestas de orden hiper urbano y conceptual (Juan Javier Salazar), pasando por clásicos de ayer y de hoy (Félix Oliva, Carlos Runcie Tanaka) y por grandes maestros del ande (Mamerto Sánchez). En ese horizonte, que parecería inabarcable en términos de diferencias culturales y de sentidos, las curadoras han encontrado tres grandes líneas o planteamientos comunes: el cuerpo (como el lugar en el que acontecen las pugnas de identidad social o sexual, pero también como el territorio en el que se representan los mitos hereditarios), el objeto (en tanto cifra de una modernidad esquiva o problemática) y la materia (como zona franca de experimentación formal). La exposición se complementa con una línea más -que bien pudo haber quedado afuera, pues sus piezas no añaden nada al conjunto-: una sala dedicada a la cerámica utilitaria.
Esa segmentación, para una muestra tan vasta como Cuerpo/Objeto/Materia, es evidentemente problemática, o insuficiente: hay piezas que podrían funcionar como puentes entre las diversas líneas (el sobrecogedor "Terremoto" de Miguel Limaco, por ejemplo); otras encajarían con dificultad en una sola (la "Esfera escrita" de Carlos Runcie). Pero eso no es lo importante, pues de lo que se trata aquí es de plantear una convención que nos ayude a mirar la impresionante magnitud y diversidad de lo representado, y que nos sirva como una plataforma para pensar qué se está obstruyendo realmente a la hora de obliterar la circulación de una disciplina artística que nos recorre históricamente; que permanece.
ALGO QUE SUCEDE EN NOSOTROS
Algo que sucede en nosotros Tener lugar es la quinta exposición del programa "Arte para aprender", que es un proyecto educativo diseñado por el Museo de Arte de Lima y el Centro Fundación Telefónica. La idea de este conjunto de exposiciones es crear un plan integral de divulgación y aprendizaje de la historia del arte peruano -además de las exposiciones se realizan talleres para escolares y universitarios, documentos de Internet, materiales pedagógicos para maestros, etcétera-, y para eso se viene recurriendo a una serie de especialistas en distintos períodos y circunstancias. Pues bien, el delicado episodio de la creación más reciente ha recaído sobre los jóvenes investigadores y artistas Sharon Lerner y Miguel López, quienes han abordado el asunto con admirable claridad.
Tener lugar parte de la premisa adecuada para sus objetivos: mira el arte contemporáneo en tanto experiencia, es decir, en tanto vínculo entre la obra y el espectador. Con esos fines en mente, los curadores han seleccionado cerca de treinta piezas realizadas desde mediados de la década del noventa hasta la actualidad; piezas que asedian -con agudeza, humor, causticidad o sencillez- las interrogantes planteadas como plataforma inicial: ¿se puede definir la producción artística reciente? ¿Cómo aproximarse al variado campo de formas y significados que ofrece la creación más actual? ¿Qué juicios deben ser puestos en juego para entender estas obras?
Tener lugar demuestra la solvencia de Lerner y López en la precisa selección de piezas capaces de sacudirnos o desacomodarnos, y, desde ahí, interrogarnos acerca de tópicos (a veces manidos o desgastados por los discursos habituales) como la identidad, el cuerpo o el espacio. Main Road, por ejemplo, la pieza de José Luis Martinat, es un video que muestra una secuencia de El Correcaminos, ese conocido dibujo animado de los años ochenta: la operación del artista ha consistido únicamente en extraer los personajes y el sonido de la secuencia, dejándonos ante una serie de extrañas imágenes de caminos desiertos que quiebran nuestra forma de consumo mediático y nos enfrentan a relaciones singulares, sorpresivas, entre las nociones de memoria y espacio. El arte contemporáneo no es algo para mirarse con distancia y entenderse, y esa idea está muy bien dibujada en Tener lugar. El arte contemporáneo es un espacio que se abre entre el espectador y la obra -y en el que entran en juego desde la historia más decisiva hasta la cotidianidad más banal-, y que los obliga a dialogar. En ese sentido, la pertinencia de una pieza también tiene que ver con qué resortes emocionales o intelectuales activa en el espectador. Trabajos como el video Dedicated to Yi Yen Wu, de David Zink Yi, que es un tejido de tres relatos culturalmente distintos en torno al acto de cocinar, funcionan para estos propósitos porque apelan a la experiencia compartida, al ritmo, a lo sensorial.
EN TORNO A UNA LEYENDA
Dice la leyenda que Apeles, el mítico pintor de la antigua Grecia, llega a Rodas para conocer a su par, Protógenes, el único artista que le puede hacer competencia. Al no encontrarlo en su taller, toma un pincel y traza una finísima línea horizontal sobre un lienzo en blanco. A su regreso, Protógenes observa admirado el trazado de la línea y, como aceptando el reto, pinta una línea aún más fina sobre la primera. Al poco tiempo Apeles vuelve y, ahora sí frente a Protógenes, traza una línea tan fina y precisa, que parece separar a las otras dos. Para su más reciente exposición individual Nader Barhumi parte de esta leyenda como emblema de la pintura pura: le interesa que no nos distraigamos ni nos alejemos del trazo, de la pura técnica, de las vibraciones armónicas, cromáticas y de textura, pues es ahí donde se encuentran los asuntos que le interesan: es decir, las sensaciones visuales más allá de la orilla de cualquier significado. La muestra se puede ver en Yvone Sanguineti Arte & Diseño hasta el 7 de junio. Ese mismo día también concluye Cuerpo/Objeto/Materia. Cerámica contemporánea, en el Museo del Centro Cultural de San Marcos (Parque Universitario). Tener lugar (Experiencia, acontecimiento, posibilidad) permanece, en cambio, hasta el 31 de agosto en el Centro Fundación Telefónica (Av. Arequipa 1155).