París [Agencias]. Gustavo Kuerten puso el punto y final a su carrera en la pista central de Roland Garros, la cual lo encumbró como uno de los mejores tenistas del mundo, arropado por un público que lo considera como uno de los suyos y a quien regaló gotas de su genio.
No pudo con el francés Paul-Henri Mathieu, cinco años más joven que él, que tuvo bastante con apoyarse en su físico para vencer en tres sets (6-3, 6-4, 6-2).
El público (igual feliz) tiró de su memoria, del recuerdo de un hombre que enamoró en la pista y se metió en el bolsillo a la afición que admiraba boquiabierta su genio. El ganador de 1997, 2000 y 2001 se divirtió, y su sonrisa, amplia y cristalina, regresó al lugar en el que fue más grande. Lo miraban su familia y su entrenador Larry Passos.
Cerró la puerta de su carrera y abrió la de su leyenda en el mismo escenario en el que comenzó a escribirla. Se fue con la grandeza de quien supo conectar con el público a base de éxitos y simpatía.